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lunes, 25 de abril de 2011

El cisne negro nuclear. Por Marcel Coderch

Dijeron que otro Chernóbil era imposible pero ha ocurrido. En el mismo Japón y con tecnología de Estados Unidos. Las promesas de que esa energía sería abundante, barata y segura están hoy más lejos que nunca Hasta bien entrado el siglo XVII, en Europa se utilizaba la expresión "cisne negro" cuando alguien quería referirse a una imposibilidad lógica o física, basándose en la creencia generalizada de que todos los cisnes eran blancos. En 1697, sin embargo, un explorador holandés descubrió que en Australia había cisnes negros y esta expresión, recientemente popularizada por el filósofo y financiero de origen libanés Nassim Nicholas Taleb, pasó a utilizarse para calificar cualquier idea o acontecimiento que durante mucho tiempo había sido tenido poco menos que por imposible pero que de repente un día se materializa. La teoría del cisne negro de Taleb se aplica pues a acontecimientos inesperados, que quedan fuera de las expectativas normales, ya sea en el ámbito científico, histórico, financiero o tecnológico, y que tienen un enorme impacto porque trastocan ideas básicas del tan admirado como discutible sentido común.

La tesis del libro de Taleb (El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, Paidós, 2008) es que las consecuencias de estos acontecimientos muy poco probables son enormes; que por lo general están infravaloradas; y que, en realidad, no son tan improbables como pensamos, ya que al tratarse de acontecimientos poco comunes no disponemos de suficientes observaciones para estimar su probabilidad con cierta precisión. También nos explica Taleb que los humanos hemos desarrollado mecanismos psicológicos de defensa frente a la incertidumbre que sesgan nuestro raciocinio, haciendo que evitemos imaginar y prever aquello que no deseamos que ocurra. Todo ello nos aleja de la racionalidad a la hora de entender, prever y actuar en relación a estos fenómenos. Sería difícil encontrar un ejemplo actual más apropiado de lo que es un cisne negro que el del desastre nuclear de Fukushima.

De siempre hemos sabido que la tecnología nuclear es intrínsecamente peligrosa porque supone la generación de enormes cantidades de elementos radiactivos que la naturaleza se había encargado de ir desintegrando a lo largo de centenares de millones de años. Cuando surgió la especie humana ya solo quedaban en el planeta unos pocos elementos radiactivos de larga vida, como el uranio 235, que siguen calentando el subsuelo y cuyas radiaciones llegan a la superficie en forma de una pequeña radiactividad ambiental inevitable. Con el desarrollo de la energía nuclear, sin embargo, lo que hacemos es concentrar en un reactor este remanente de radiactividad de forma que, además de energía, generamos todo tipo de elementos altamente radiactivos que ya no existían en la naturaleza y que se mantendrán radiotóxicos durante decenas de miles de años. Si todo va bien, son lo que denominamos "residuos nucleares", a los que todavía no hemos encontrado acomodo; y si las cosas se tuercen, como ocurrió en Chernóbil y ahora en Fukushima, los desperdigamos por la atmósfera, el mar, la tierra y las aguas subterráneas, incrementando de esta forma y hasta niveles muy peligrosos la radiactividad ambiental.

Fue precisamente uno de los padres de la energía nuclear, el físico italiano Enrico Fermi, quien primero expresó sus dudas al dejar dicho que "al producir energía con la fisión nuclear estamos creando radiactividad a una escala sin precedentes y de la que no tenemos experiencia alguna, por lo que veremos si la sociedad aceptará una tecnología que produce tanta radiactividad". Durante mucho tiempo, los partidarios de esta tecnología han intentado convencernos de que debemos aceptarla en virtud de lo que Alvin Weinberg, otro de sus padres, llamó "el pacto fáustico nuclear": la promesa de un futuro con energía barata y abundante a cambio de un riesgo radiactivo asumible. Y para que aceptáramos el pacto, nos aseguraron que construirían las centrales nucleares de forma que no sufriríamos las peores consecuencias de su radiactividad. Incluso se atrevieron a cuantificar esta seguridad, afirmando que la probabilidad de un accidente grave, con fusión del núcleo y liberación radiactiva al exterior, como en Fukushima, sería de un accidente cada 100.000 años-reactor; o lo que es lo mismo, uno cada 200 años para un parque mundial de reactores similar al actual, o cada 100 años si lo dobláramos. Cuando los accidentes fueron sucediéndose con una frecuencia muy superior, las explicaciones eran cada vez más sofisticadas pero la conclusión siempre era la misma: hemos aprendido la lección y no volverá a suceder. Un claro ejemplo de lo que Taleb llama la falacia narrativa, una interpretación retrospectiva del cisne negro vivido que supuestamente reduce incertidumbres futuras. De hecho, hasta hace bien poco nos aseguraban que "otro Chernóbil es imposible" porque, decían, aquello fue consecuencia de una tecnología anticuada y de un sistema político y económico fallido. Y sin embargo está ocurriendo, a cámara lenta, en Japón, hasta hace poco la segunda economía mundial, y con tecnología norteamericana. Aquello que no podía ocurrir ha ocurrido, violando una vez más el pacto fáustico nuclear.

Pero es que, además, tampoco se ha cumplido la segunda parte de este pacto: la energía nuclear ni es abundante ni es barata, y menos va a serlo después de Fukushima. Hoy se concentra en cinco o seis países que representan más del 75% de una producción nuclear mundial que cubre menos del 3% de la energía final que consume la humanidad, y no parece que la situación vaya a cambiar mucho en las próximas décadas. Y en el aspecto económico, las recientes construcciones de Olkiluoto en Finlandia y de Flamanville en Francia no hacen sino repetir la experiencia del primer ciclo de construcciones nucleares: la incapacidad de la industria nuclear de cumplir con sus plazos y presupuestos. Por si fuera poco, las nuevas exigencias que se derivarán de lo ocurrido en Japón incrementarán de nuevo los costes, y muy probablemente pongan en cuestión el alargamiento de la vida de muchas centrales actuales; una prolongación por otra parte imprescindible si se quiere evitar el declive precipitado e irreversible de la energía nuclear.

La Unión Europea ha anunciado que va a recomendar la realización de pruebas de resistencia en todas las centrales europeas para determinar cuáles de ellas podrían resistir una agresión como la sufrida por los reactores de Fukushima, y clausurar las que no satisfagan los nuevos requisitos de seguridad. Está por ver cuáles serán estos nuevos requisitos, pero la propuesta francesa de excluir de estas pruebas las amenazas derivadas de actos terroristas y ataques aéreos a lo 11-S no parece razonable, ya que de lo que se trata es de que las centrales puedan sobrevivir a cualquier incidente que las prive de suministro eléctrico externo, puesto que esa ha sido la circunstancia que ha desencadenado el grave accidente de Fukushima. Claro está que el llamado station blackout no forma parte de los sucesos contemplados en el diseño base de ninguna de las centrales actualmente en funcionamiento, y que prepararlas para tal eventualidad puede suponer inversiones muy importantes, algo que al parecer los franceses quieren evitar por la cuenta que les trae.

Las promesas de energía nuclear abundante, barata y segura quedan hoy más lejanas que nunca, al tiempo que vamos conociendo la realidad de las consecuencias personales, económicas y medioambientales de un accidente grave en un país industrializado, todo lo cual invalida ambas contrapartidas del pacto fáustico que nos propuso Alvin Weinberg. De hecho, los hay que nunca creyeron las promesas de la industria nuclear y, entre ellos, en lugar prominente, están quienes precisamente son especialistas en valorar riesgos: las compañías de seguros. Siempre se han negado a cubrir la responsabilidad civil de una central nuclear, con lo que nos hemos visto obligados a promulgar leyes que eximen a las eléctricas de esta responsabilidad, más allá de cantidades que, como podremos comprobar en Japón, son simbólicas. A las compañías de seguros no les gustan las nucleares y es fácil comprobarlo leyendo cualquier póliza que tengan a mano. Verán que la letra pequeña dice: "Excluidos los riesgos por accidentes nucleares". Las consecuencias de los cisnes negros nucleares las tendremos pues que pagar de nuestros bolsillos o, lo que es peor, con nuestra salud, y por ello ha llegado el momento de hacerle caso al comisario europeo de la Energía, Günther Ottinger, y plantearnos cómo Europa podría cubrir sus necesidades energéticas futuras sin contar con la energía nuclear. No ya solo porque así lo prefiramos muchos, sino porque probablemente no tengamos más remedio.




Fuente: ElPais.com
Autor: Marcel Coderch, ingeniero, PhD, Massachusetts Institute of Technology. Vicepresidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones de España. También secretario de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro del grupo de gobierno de la discusión española sobre el futuro de la energía nuclear. Analista de la energía y las cuestiones geopolíticas para el Real Instituto Elcano. Durante 15 años, ha trabajado en la industria de los medios de comunicación y de 1997 a 2000 fue el director de la división de Internet de Auna-Retevisión. En 2000 formó parte del equipo fundador de fundiciones Tech, una empresa de tecnología que desarrolla servicios de televisión digital. Es autor con Núria Almirón de los libros "El espejismo nuclear", "Los libros del lince".
Fotografía: Graffiti en la ciudad fantasma de Pripyat cerca del cuarto reactor nuclear -la cual se ve en el fondo- de la antigua central eléctrica nuclear de Chernobyl / Sergei Supinsky, AFP-Getty Images-USAToday.com




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miércoles, 27 de octubre de 2010

Necesitaremos 2 planetas en 2030 para satisfacer la demanda de recursos naturales

La población mundial utilizó el equivalente a 1,5 planetas para abastecerse en el año 2007.
Los datos han sido presentados por World Wide Fund en su Informe Planeta Vivo 2010, una evaluación que realiza cada dos años.
Aprovechar más las energías renovables y reducir el consumo de carne y productos lácteos. Estas son las principales soluciones que la asociación ecologista Fondo Mundial para la Naturaleza / World Wide Fund (WWF) ha presentado este martes su Informe Planeta Vivo 2010, una evaluación que realiza cada dos años sobre la situación de la biodiversidad global y el estado de la fauna y flora por todo el planeta.

Y los datos que ofrece en esta nueva edición no son buenos. Según WWF, la salud de los ecosistemas ha disminuido un 30%, con lo que la pérdida de riqueza natural se mantiene constante y al mismo ritmo de los últimos 40 años. Además, la huella ecológica, es decir, la demanda la humanidad sobre los naturales, ha aumentado más del doble entre 1961 y 2007.

En base a estos datos, los ecologistas aseguran que se necesita un año y medio para regenerar todos los recursos que se utilizaron sólo en el año 2007. Sin embargo, la organización internacional cree que la crisis económica ofrece una oportunidad única para cambiar el modelo de desarrollo actual e iniciar el camino hacia un mundo más sostenible.

En ese sentido, WWF tiene dos retos prioritarios: disminuir al máximo la huella del CO2 y reducir entre la población global el consumo de carne y productos lácteos. Con una reducción del 9% en estos productos, se conseguiría que la huella ecológica fuera un 35% menor. La asociación ecologista advierte además que, de seguir con la actual gestión de los recursos, la humanidad necesitará 2 planetas en 2030 y casi 3 en 2050 para satisfacer sus demandas.

Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Dinamarca, Bélgica y Estados Unidos son los países con mayor huella ecológica del mundo. España se sitúa en el puesto número 19 país entre los países que más presionan sobre la biodiversidad. En relación a la población española necesitaría a día de hoy 3,5 Españas para satisfacer demandas de recursos y para absorber el CO2 emitido.

Por último, WWf destaca el "dramático" descenso de zonas tropicales zonas tropicales (60%), hábitats terrestres (25%), marinos (24%) y de agua dulce (35%). Los motivos principales de estas reducciones son el rápido desarrollo agrícola, industrial y urbano que ha producido en los últimos años y la destrucción y fragmentación de sistemas fluviales, humedales y bosques.

El estado del planeta en cifras

- Menos del 1% del agua dulce que se encuentra en la Tierra es accesible al hombre.
- 500 millones de personas se han visto afectadas de forma negativa por la construcción de presas.

- Cada día, 2 millones de toneladas de residuos y aguas residuales acaban en las aguas del mundo.

- Se han perdido 13 millones de hectáreas de bosque cada año entre 2000 y 2010.
- 3.500 millones de personas viven en áreas urbanas en 2010: el 50% de la población del planeta. Este número aumentará hasta los 6.300 millones en 2050.


- Descargar el informe "Informe Planeta Vivo 2010/ WWF".

Datos básicos / 925 KB pdf
Informe completo Planeta Vivo 2010 / 22.98 MB pdf




Fuente: 20minutos.es

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domingo, 20 de junio de 2010

¿El Chernóbil de la industria petrolera?

El vertido en el golfo de México acelera el debate sobre el modelo energético - La marea negra se cierne sobre el negocioUn pozo entre 56.000 pozos. Una perforación más en el golfo de México. En porcentaje, un 0,0017% de posibilidades de que algo fallara. Y sucedió. El 20 de abril, a 64 kilómetros de las costas de Luisiana (EE UU), algo salió mal. Muy mal. Tanto, que puede marcar un antes y un después para el que todavía es el negocio más rentable del mundo: el del petróleo.

Ese día de abril, por causas aún desconocidas, la plataforma de exploración en aguas profundas Deepwater Horizon, alquilada por el gigante BP para perforar y extraer petróleo a 1.500 metros bajo el mar, estalló. Lo más grave: las 11 vidas perdidas. Lo más preocupante: la posibilidad de que se produzca una marea negra que arrase centenares de kilómetros de las costas de Estados Unidos, México y hasta de Cuba.

Casi dos meses después de la explosión, se desconocen sus causas y también sus consecuencias. Ni siquiera se sabe cuánto petróleo sale aún por el ominoso géiser de chapapote en que se convirtió el pozo abierto por la Deepwater Horizon.

La empresa responsable del proyecto, BP, una de las grandes del sector petrolero (junto con ExxonMobil, Chevron y Royal Dutch / Shell) se juega la supervivencia. Su cotización bursátil (198.500 millones de euros de cifra de negocio, 13.772 millones de euros de beneficio neto en 2009 y 80.300 empleados en 30 países) se ha desplomado. Desde el accidente, el precio de las acciones ha caído alrededor de un 40%.

Mientras, los muchos actores del negocio cruzan los dedos para que el desastre no se convierta en el Chernóbil de la industria petrolera. Puede serlo. Que el presidente de la primera potencia del planeta, Barack Obama, proclame a los cuatro vientos que está buscando a quien patear el c... por lo sucedido tiene, al margen de una dosis evidente de impotencia, un inequívoco tono de amenaza. Y no solo para la empresa responsable del accidente, sino para todo un sector.

Para empezar, las prospecciones en aguas profundas, que la Administración de Obama había ampliado incluso a aguas del Atlántico y de Alaska, se han paralizado. Nadie en la industria sabe por cuánto tiempo. Se habla de seis meses, pero nadie se fía. Porque todo depende de cuánto dure la crisis. En el sector se recuerda, como una pesadilla, lo sucedido con la plataforma Ixtock 1 en el año 1979, también en aguas del golfo de México. Un reventón colapsó la plataforma de perforación de la empresa Pemex a 954 kilómetros de las costas de Tejas (EE UU). Resultado: entre el 3 de junio de 1979 y el 24 de marzo de 1980 (280 días) se vertieron al mar 3,3 millones de barriles de crudo.

Es difícil hacer comparaciones. En el accidente de la Deepwater Horizon, nadie sabe a ciencia cierta cuánto petróleo está saliendo del pozo. La cifra más concreta procede de la parte más interesada y se refiere únicamente al crudo que supuestamente se ha logrado recoger tras colocar una especie de sombrero sobre la tubería destrozada.
Según BP, entre el 4 y el 10 de junio, recogió 64.444 barriles de petróleo (10,25 millones de litros). Claro que hay otras cifras y pueden ser igual de creíbles. The Huffington Post, periódico digital con tirón, contabilizaba en tiempo real el vertido, con imágenes de una cámara web en el tubo roto del pozo y un contador. El periódico cifraba el vertido el 9 de junio en 36,5 millones de galones. A 3,7 litros el galón, 135 millones de litros. Total: 850.000 barriles (la medida "barril" equivale a 159 litros). Una marea que justifica el cierre a la pesca decidido por EE UU en 200.000 kilómetros cuadrados, 25 veces la superficie de la Comunidad de Madrid.

Las cifras del desastre marean. Y eso, señala Sara del Río, del área de seguimiento de Contaminación de Greenpeace, que "deberá pasar mucho tiempo para que se conozca la verdadera dimensión del desastre". "Por supuesto", explica Del Río, "el vertido debería suponer un antes y un después para el negocio petrolero". Pero las declaraciones de Obama, pese a su aparente consistencia, no apuntan a cambios fundamentales más allá, quizá, de normativas más estrictas en materia de riesgos. "Lo que se ha puesto de manifiesto es que la Agencia Minera [el supervisor de las actividades de prospección] funcionaba igual con Bush [George Bush hijo, ex presidente de EE UU] que con Obama. Sin planes de emergencia", añade Del Río.

Con el desastre en carne viva, rezumando petróleo, es difícil pulsar opiniones en la industria petrolera. Todo el mundo se tienta la ropa. Las empresas saben que están bajo la lupa y adoptan un perfil más que bajo. Admiten que en puntos concretos (procedimientos de seguridad, contratos, concesiones) va a haber cambios. Y que tendrán que asumirlos. Pero la actitud es de esperar y ver. Solo desde una de las hermanas de BP, Exxon, surgieron tímidas declaraciones para tratar de minimizar daños. "Advertimos de que se debe evitar llegar a conclusiones apresuradas e implantar reglamentos sin una comprensión cabal de lo sucedido", aseguró Andrew Singer, subdirector general de la compañía en declaraciones recogidas por la agencia Bloomberg. "La industria", recordó Singer, "ha perforado miles de pozos en todo tipo de ambientes operacionales, sea en aguas profundas o en tierra firme, por todo el mundo, sin percances".

Pero accidentes como los de Deepwater Horizon, Ixtok 1, Exxon Valdez, Prestige o la plataforma Piper Alpha (explosión en 1988 en el mar del Norte, 167 muertos) no son excepcionales. Puede ser verdad que la historia no se repite, pero como sostenía Twain, rima. La prospección petrolera es una actividad muy rentable, pero arriesgada. Y los incidentes pueden tener consecuencias muy graves, con un alto coste en vidas y en medio ambiente.

Por supuesto, el paso del tiempo suaviza las tragedias. Luis Atienza, presidente de Red Eléctrica (REE), cree que el vertido no tendrá efectos dramáticos en una industria necesaria para un mundo que demanda energía de forma creciente. "Lo que sí puede suponer", asegura, "es un acicate en la reflexión sobre el futuro energético del planeta y los recursos a emplear". Atienza defiende la idea de que las fuentes energéticas del siglo XX deben financiar el desarrollo de las energías del siglo XXI. Desde esa óptica, el vertido de BP puede ser, cree Atienza, el comienzo de algo nuevo.

Tampoco la Agencia Internacional de la Energía (AIE) cree que puede haber cambios drásticos en el sector. El organismo estima que, incluso si se aplicara un retraso de entre uno y dos años en la realización de nuevos proyectos de explotación en aguas profundas, solo tendría como consecuencia una reducción de entre 100.000 y 300.000 barriles diarios en la producción estadounidense del golfo de México hasta 2015 con relación a las anteriores previsiones.

Desde el área de las energías renovables, el desastre de BP viene a ser la confirmación de que quienes apuestan por las energías limpias han elegido la senda correcta. El desastre en el golfo de México, sostiene el ex director del Instituto de Diversificación y Ahorro Energético, Javier García Breva (directivo ahora de APPA Solar), "confirma que la oferta de crudo no va a ser suficiente para atender el crecimiento de la demanda". Consecuencia: "Ante el descenso de las reservas tradicionales, las nuevas prospecciones han de hacerse en las aguas más profundas de los océanos con un significativo aumento de los costes y riesgos de seguridad". Por ello, García Breva adelanta un pronóstico sombrío, al menos para el consumidor: "El precio del crudo subirá y más aún la gasolina".

En general, desde el área de renovables y desde las organizaciones ecologistas se considera que el gran vertido es una premonición sobre la insostenibilidad económica y ambiental de los combustibles fósiles. "El declive de los combustibles fósiles ha llegado", asegura García Breva, "y lo inteligente sería avanzar en una economía menos dependiente de los hidrocarburos". "Lo contrarioes jugar a la ley de Murphy, que es lo que ha hecho BP en connivencia con los reguladores de EE UU", concluye.

Suceda lo que suceda en las próximas semanas, encuentre o no encuentre Obama a quien patear el c..., la industria petrolera en su conjunto se prepara para pagar por el desastre. En el caso de BP, la factura puede afectar a su supervivencia. Analistas de Credit Suisse estimaron en 19.107 millones de euros (23.000 millones de dólares) la factura que puede tener que pagar. Pero la cifra puede crecer. Todo depende de cuánto dure el vertido, de la extensión de la marea negra y de la habilidad de los abogados de BP para esquivar el fuego graneado que van a recibir. Para abrir boca, accionistas de la petrolera han anunciado que van a demandar a la compañía por haberles inducido a error sobre las medidas de seguridad de las que disponían en sus operaciones.

Fernando Maravall, director de Exploración, Producción y Gas de la petrolera Cepsa, tiene claro cuál será una de las consecuencias del derrame: "Va a aumentar el capex [Capital Expenditure, gasto de capital] por barril producido". ¿Será la única consecuencia? No. En opinión de Maravall, habrá "otros efectos en cadena".

En general, los que conocen la industria coinciden en lo que va a suceder: habrá que gastar más en seguridad, los permisos para perforar en aguas profundas serán más difíciles de conseguir y muchas compañías -las de tamaño mediano y pequeño- van a tener que abandonar la actividad off shore (lejos de las costas) para volver a la actividad en tierra. De pronto, los lodos pesados del Orinoco (Venezuela) y las arenas bituminosas de Canadá vuelven a ser recursos preciados. Manchan más, dejan menos márgenes de beneficio y son más difíciles de tratar, pero de ellos se extrae algo vendible a un sistema ávido de carburantes.

"Aumentará la competencia", dice un directivo de una compañía del sector que prefiere mantener el anonimato. Paradójicamente, las más beneficiadas pueden ser las grandes compañías. Tienen los medios técnicos y la experiencia suficiente para operar en el negocio del off shore profundo.

En el futuro, sacar petróleo allí donde nunca se imaginó, a kilómetros bajo el agua, será menos rentable. "La caída de la rentabilidad puede ser de hasta seis puntos", asegura un directivo del sector, "desde el 13% o 14% actual al 8%". Los materiales de seguridad (de tuberías a válvulas) serán más caros, la frecuencia de las supervisiones, mayor y, en general, tenderán a igualarse las condiciones de trabajo en todo el mundo. Del mar del Norte -donde las condiciones de seguridad son más estrictas- al golfo de México, las normas tenderán a igualarse.

"Frases como bomba ecológica referida al Prestige o Chernóbil petrolero referido al accidente de BP quedan bien para dar titulares", señala un alto cargo de una compañía petrolera española desde EE UU, "pero no siempre se ajustan a la realidad". "Tras la exploración en aguas profundas hay medio siglo de mejora continua de los procedimientos. Y, si bien es cierto que va a haber cambios en los sistemas de seguridad, no creo que los haya en la forma de abordar los proyectos". Tras la opinión del directivo hay un hecho: la reposición de reservas solo es posible perforando en los océanos. Porque la era de los yacimientos de hidrocarburos gigantescos, cercanos a la superficie y con crudos dulces (así se denominan los que tienen poco contenido en azufre) se ha acabado.

Las nuevas reservas están en aguas alejadas de la costa de siete zonas principalmente: el golfo de México, Brasil, el golfo de Guinea, el mar del Norte, el Mediterráneo, el mar de China y Australia. Ahí está el negocio y ahí se está canalizando una ingente cantidad de capital. La consultora Douglas-Westwood calculó (antes de la explosión de hallazgos en aguas de Brasil) que la inversión en aguas profundas superará los 20.700 millones de euros anuales en 2012. Mucho dinero. Mucha presión.



Fuente: ElPais.com
Autor: Santiago Carcar

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miércoles, 23 de septiembre de 2009

China y EEUU comprometidos con clima antes de Copenhague

China reveló un plan para limitar las emisiones de carbono para el 2020 y el presidente estadounidense, Barack Obama, pidió a las naciones que actúen ahora para lidiar con el calentamiento global, mientras líderes mundiales intentan inyectar celeridad a las conversaciones por el cambio climático.

Un día después de una cumbre de la ONU sobre clima que reunió a líderes mundiales y antecedió a la Asamblea General anual del organismo, Obama prometió el miércoles promover las energías renovables y compartir tecnología "verde" con países alrededor del mundo.

"Continuaremos avanzando con profundos recortes en las emisiones para alcanzar las metas que fijamos para el 2020 y eventualmente el 2050", dijo Obama en su discurso a la Asamblea General de Naciones Unidas, en el que afirmó que terminaron los días en que Estados Unidos se demoraba en su lucha contra el cambio climático.

A menos de tres meses de una conferencia de Naciones Unidas en la que se buscará sellar un firme acuerdo para combatir el cambio climático, el secretario general del organismo, Ban Ki-moon, pidió a la cumbre de líderes mundiales celebrada el martes que den a las negociaciones un impulso adicional.

"Pese a que la cumbre no es la garantía de que vamos a lograr un acuerdo mundial, hoy ciertamente estamos un paso más cerca de ese objetivo global", dijo Ban al cierre de la reunión en la noche del martes.

La cumbre de un día convocó a casi 100 jefes de Estado y de Gobierno antes de las conversaciones oficiales entre 190 naciones en Copenhague en diciembre para encontrar un reemplazo al Protocolo de Kioto, cuya primera fase expira a fines del 2012.

Analistas y grupos ambientalistas elogiaron cautelosamente a China y Japón, pero dijeron que el discurso de Obama fue amplio en retórica pero escaso en promesas de acciones específicas.

No obstante, el ex presidente cubano Fidel Castro describió desde La Habana como un "gesto valiente" la posición de Obama sobre el cambio climático y dijo que ningún otro mandatario de Estados Unidos había tenido el valor de decir que los países desarrollados causaron daño al medio ambiente.

Obama dijo el martes en un discurso en Naciones Unidas que el cambio climático es una amenaza real para todas las naciones y reconoció que su país tiene la responsabilidad de proveer asistencia financiera y técnica para ayudar a las naciones más pobres en la lucha contra el calentamiento global.

CHINA PROMETE RECORTAR EMISIONES

En su mensaje, el presidente chino, Hu Jintao, dijo que su nuevo plan incluye un vigoroso desarrollo de la energía renovable y nuclear y prometió que las emisiones van a progresar a un menor ritmo que el crecimiento económico en el futuro.

"Intentaremos por todos los medios reducir las misiones de dióxido de carbono por cada unidad del PIB en un margen notable para el 2020 desde los niveles del 2005", dijo Hu.

La promesa, que marca la primera vez que China acepta tomar medidas para limitar sus emisiones, fue considerada un intento por contrarrestar las críticas, especialmente de Washington, que cree que Pekín está haciendo muy poco para combatir el cambio climático.

El nuevo primer ministro japonés, Yukio Hatoyama, recibió elogios por ofrecer más ayuda para que los países en desarrollo lidien con el cambio climático. El líder repitió su objetivo de reducir las emisiones japonesas en un 25 por ciento para el 2020 con respecto a los niveles de 1990.

Hatoyama también propuso establecer un marco de trabajo para coordinar la ayuda climática, pero no dio detalles de cuánto dinero ni de qué tipo de asistencia tecnológica brindaría Japón.

Obama detalló el trabajo de su Gobierno en materia climática desde que asumió la presidencia en enero y dijo que Estados Unidos está comprometido a actuar.

Pero no ofreció nuevas propuestas ni instó al Senado estadounidense a aprobar rápidamente una ley climática que muchos observadores consideran crucial para alcanzar un acuerdo internacional.

"La respuesta de nuestra generación a este desafío será juzgada por la historia, porque si fracasamos en abordarlo valientemente, con rapidez y juntos, nos arriesgamos a condenar a las generaciones futuras a una catástrofe irreversible", dijo Obama.
"Se está acabando el tiempo que tenemos para revertir esta tendencia", añadió.


Fuente: EuropaPress.com / Reuters
Autores: Jeff Mason y Claudia Parsons

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