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martes, 13 de abril de 2010

"El cambio climático fomentará los Estados fallidos y los regímenes autoritarios"

Universidades europeas y asiáticas advierten de las consecuencias políticas del calentamiento global y de sus efectos en la producción de alimentos y agua

De los desastres naturales y la escasez de agua y alimentos a los autoritarismos. Las consecuencias del calentamiento global trascienden los nocivos efectos sobre el medio ambiente y apuntan contra la estabilidad de los sistemas políticos y la seguridad humana. "El cambio climático provocará el profundo empobrecimiento de muchas zonas y fomentará la aparición de Estados fallidos y regímenes autoritarios", considera Antonio Marquina, coautor y editor de Global Warming and Climate Change, que mañana presenta en Casa Asia-Madrid, junto al director del CNI, Félix Sanz Roldán, y el secretario general de Política de Defensa, Luis Cuesta.

Los conflictos por la escasez de agua y alimentos y los flujos migratorios derivados de los problemas medioambientales afectarán a los sistemas políticos a medio plazo, poniendo el límite temporal en 2050. Habrá países, sobre todo en Asia y en Oriente Próximo, que refuercen los sistemas autoritarios para sobrevivir. Otros, los más pobres, no podrán afrontar los desastres derivados del cambio climático y se convertirán en Estados fallidos. "El empobrecimiento de determinadas zonas y los costes de adaptación son factores que no se han tenido en cuenta incluso en modelos para las predicciones del crecimiento económico de zonas y países", sostiene Marquina.

"Si se une el deseo de los países en desarrollo de seguir creciendo con la visión política de que ese crecimiento es exitoso pese al deterioro ambiental, los Gobiernos intentarán controlar cualquier obstáculo para mantener ese ritmo de crecimiento", añade Rosa de Vidania, directora del Departamento de Medio Ambiente del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, que también participa mañana en la presentación del libro.

Prepararse para los cambios

Sin necesidad de hacer predicciones, hay realidades incuestionables que evidencian los efectos del calentamiento global: "Ya no se pueden negar hechos como la reducción del agua de la cuenca de los ríos o los cambios en la estacionalidad en las precipitaciones con sus consecuencias para la agricultura", continúa Marquina. Por eso, junto a las políticas destinadas a la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, el catedrático de Seguridad y Cooperación en la Universidad Complutense de Madrid subraya la importancia de desarrollar políticas de adaptación: "Hay que diseñar, por ejemplo, programas para el tratamiento y recogida del agua o para la preparación de nuevos cultivos ante la alteración de los periodos de lluvias".

Lejos de ser alarmista, Global Warming and Climate Change -un libro resultado de la investigación desarrollada por la red de universidades Europa-Asia (ASEM)- propone una visión de escenarios posibles en función de la situación medioambiental actual y de sus perspectivas de evolución. En el Mediterráneo, por ejemplo, las producciones de alimentos están prácticamente al límite, especialmente en el norte de África. "En estos países ya se importa buena parte de los alimentos que se consumen", explica el editor del libro, y la situación se agravará si se agudizan los efectos del cambio climático y no se aplican las políticas de adaptación adecuadas, que, fuera de la Unión Europea, son prácticamente inexistentes.
Los desastres naturales empeorarán la situación. La subida del nivel del mar, que las opiniones científicas más optimistas sitúan en 0,5 metros en este siglo, anegará el delta del Nilo y vastas extensiones de cultivo del sureste asiático, que hasta ahora no ha sufrido carencias de lluvia y no ha visto afectada su producción agrícola.

Pero para que sean factibles las políticas de adaptación a los escenarios futuros que resultarán del cambio climático, la toma de medidas para reducir las emisiones de gases a la atmósfera, que fracasó en la Cumbre de Copenhague, sigue siendo urgente. Según señala Marquina, "si en 2020 no se consigue frenar el aumento de temperaturas y ésta sube en más de dos grados, las políticas de adaptación serán inviables por su coste".


Fuente: ElPais.com

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jueves, 25 de febrero de 2010

El cambio climático pone el precio del hambre

En los próximos años el calentamiento global y su efecto sobre el clima tendrán un duro impacto en los precios de los alimentos y el hambre en el mundo, afirmó un estudio presentado hoy ante la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS) en San Diego (California).

Pero así como sus consecuencias serán especialmente duras para muchos sectores, habrá otros que resultarán beneficiados por la situación, indicó el estudio realizado por científicos del Programa de Seguridad Alimentaria y Ambiente de la Universidad de Stanford (California).

Según los investigadores, las temperaturas más altas podrían reducir de manera considerable la producción de trigo, arroz y maíz, ingredientes básicos en la dieta de millones de personas que subsisten con un ingreso de menos de un dólar diario.

La escasez resultante de esas cosechas probablemente empuje al alza los precios de los alimentos y aumente la pobreza de amplios sectores.

Pero, por otro lado, otros grupos, especialmente de agricultores, saldrán de la pobreza como consecuencia del alza de precios de los alimentos básicos que producen, según David Lobell, científico experto en asuntos agrícolas de Stanford.

"El impacto sobre la pobreza no depende sólo de los precios de los alimentos sino también de los ingresos que tiene la gente pobre", indicó.

Según el científico, la mayoría de las proyecciones dan por sentado que con el alza de los alimentos se incrementará paralelamente la pobreza porque los indigentes gastan la mayor parte de sus ingresos en esos alimentos.

Entre ellos se cuentan los trabajadores rurales a sueldo y los pobres que viven en las ciudades.

Sin embargo, señaló, "hay algunos que cultivan su propia tierra y en realidad resultarán beneficiados de los mayores precios de los alimentos".

En su estudio, los científicos Marshall Burker y el economista Thomas Hertel, de la Universidad Purdue, analizaron los resultados del cambio climático en 15 países en desarrollo de América Latina, Asia y África que incluyó la producción de arroz, trigo y maíz.

La investigación indicó tres escenarios, el primero de los cuales y "más probable" es el que planteó el Panel Internacional sobre Cambio Climático que pronosticó un aumentó de temperatura de un grado centígrado para 2030.

En ese caso, el modelo proyecta un cambio relativamente bajo en la producción alimentaria, los precios y la pobreza.

Pero en otro escenario, en el que el aumento de la temperatura sería de 1,5 grados, el modelo indica la posibilidad de una baja en la productividad agrícola de 10 a 20 por ciento.
Eso significaría un aumento de 10 a 60 por ciento en los precios del arroz, el trigo y el maíz y un incremento consiguiente de 3 por ciento de aumento en la pobreza de los 15 países.
Sin embargo, el estudio indicó que el análisis de los países de forma individual produjo un panorama más complicado.

Señaló que en 11 de los 15 países, los pobres dueños de sus tierras se beneficiarían de los precios más altos de los alimentos.

Pero Lobell explicó que también hay países, como Bangladesh, donde la mayoría de los pobres viven en zonas urbanas y no cultivan su propia tierra y esos serían los más afectados.

En un último escenario, en que las temperaturas globales aumentarían sólo 0,5 grados centígrados, debería registrarse un incremento de la productividad agrícola.

El excedente resultante causaría una baja de un 16 por ciento en los precios lo que iría en detrimento de los agricultores, según el estudio.

En Tailandia, la pobreza de los agricultores dueños de sus tierras aumentaría en un 60 por ciento, en tanto que en otros, como Zambia, Mozambique, Malaui y Uganda, la pobreza en el sector agrícola declinaría en un 5 por ciento.

"Es importante tener en cuenta que cualquier cambio, por extremo que sea, beneficiará a algunos hogares y perjudicará a otros", añadió Lobell.


Fuente: Impre.com / EFE

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lunes, 7 de diciembre de 2009

El imperativo climático. Por Rajendra K. Pachauri

Por ejemplo, está habiendo cambios en los patrones de precitaciones, con una tendencia a que haya mayores niveles de lluvias en las latitudes superiores del mundo y menores precipitaciones en regiones tropicales y subtropicales, así como en el área del Mediterráneo. También está aumentando la cantidad de casos de lluvias extremas, y se están generalizando. Más aún, la frecuencia e intensidad de las ondas de calor, las inundaciones y las sequías van en aumento.

Este cambio en el patrón y la intensidad de las lluvias tiene serias implicancias para varias actividades económicas, así como para la preparación de los países para manejar emergencias como inundaciones costeras de gran escala o nevazones intensas.

Algunas partes del mundo son más vulnerables que otras a estos cambios. La región ártica, en particular, se ha estado calentando a tres veces el ritmo del resto del planeta. Los arrecifes de coral, los grandes deltas (que incluyen ciudades como Shangai, Calcuta y Dhaka) y los pequeños estados formados por islas son también extremadamente vulnerables al aumento del nivel del mar.

Entre otros efectos negativos del cambio climático se encuentra la posible reducción del rendimiento de las cosechas. Por ejemplo, en algunos países africanos podría llegar a disminuir en un 50% para el año 2020. El cambio climático produciría una mayor escasez de agua, que para el año 2020 podría afectar a entre 75 y 250 millones de personas tan sólo en África.

En general, se estima que las temperaturas aumentarán para el año 2100 entre 1,1ºC y 6,4ºC. Para centrarse con mayor precisión en estos escenarios, el PICC ha concluido que lo más probable es que el extremo inferior de esta gama sea 1,8ºC, y 4ºC el superior. Incluso en la estimación más baja, las consecuencias del cambio climático podrían ser graves en varias partes del mundo, lo que incluiría una mayor escasez del agua, graves efectos sobre los ecosistemas, y vidas y propiedades amenazadas debido a inundaciones en zonas costeras.

Puede haber además graves consecuencias para la salud humana si no se pone control al cambio climático, particularmente mayor morbilidad y mortalidad como resultado de olas de calor, inundaciones y sequías. Más aún, cambiaría la distribución de algunas enfermedades, haciendo más vulnerables a las poblaciones humanas.

Puesto que el efecto del cambio climático es global, hace falta que el planeta como un todo adopte medidas específicas de adaptación. Sin embargo, ya es claro que la capacidad de adaptación de algunas comunidades se verá superada rápidamente si no se reduce la intensidad del cambio climático.

Para ayudar a estas comunidades vulnerables, es esencial que el mundo idee un plan de acción para limitar la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero (GEI) . El PICC ha evaluado varios escenarios, y uno que limitaría el aumento futuro de las temperaturas a entre 2 y 2,4ºC requeriría que las emisiones llegaran a su punto máximo no más allá del año 2015, y que se redujeran a partir de entonces. El ritmo de reducción determinaría en qué medida sería posible evitar los peores efectos del cambio climático.

El PICC también ha concluido que un esfuerzo así de estricto para reducir el cambio climático no significaría más de un 3% del PGB global en el año 2030. Lo que es más, hacerlo conlleva enormes beneficios: las menores emisiones de GEI estarían acompañadas de una menor polución del aire y mayor seguridad energética, más producción agrícola y mayores índices de empleo. Si estos beneficios se tomaran en cuenta como un todo, ese coste del 3% del PGB para el año 2030 sería significativamente menor, quizás hasta negativo. El mundo podría optimizar su producto económico y su bienestar al buscar una manera de reducir el cambio climático.

Por tanto, la necesidad de una acción internacional surge de dos importantes observaciones resultantes del trabajo del PICC. Primero, si no mitigamos las emisiones de GHG, será difícil revertir los efectos negativos del cambio climático, lo que implicará más dificultades y posiblemente un riesgo de supervivencia para la humanidad y otras especies.

Segundo, los beneficios de reducir la emisiones de GEI son tan abrumadores que esto, combinado con las perspectiva del daño resultante de la inacción, hace imperativo que el mundo diseñe una respuesta y un plan de acción internacionales. Considerando el reto al que nos enfrentamos, cuya magnitud y naturaleza ha sido claramente descrita por el PICC, la Conferencia de Copenhague, que se ha de realizar este año, debe producir un acuerdo multilateral que lo aborde de manera adecuada.


Fuente: Cop15 / Copenhagen Copyright: Project Syndicate, 2009.
Autor: R. K. Pachauri, ha recibido el Premio Nobel y es Presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático y Director General del Instituto de Energía y Recursos.
Traducción: del inglés por David Meléndez Tormen

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

La desertificación también distingue entre ricos y pobres

La Convención de la ONU de Buenos Aires denuncia el doble rasero

El alimento de uno de cada tres habitantes del planeta peligra por la desertificación del suelo. El 40% de las tierras es árido, entre un 15% y un 25% más que en 1990. Además, esos terrenos secos están concentrados en países en vías de desarrollo o pobres. Sin embargo, los 193 Estados miembros de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) no pudieron ponerse de acuerdo después de dos semanas de debate en su novena conferencia, que se celebró hasta la semana pasada en Buenos Aires, sobre un aumento significativo de los fondos para doblegar el fenómeno.

La CNULD logró aprobar el primer mecanismo conjunto para medir la desertificación, pero dispuso un aumento de sólo el 4,3% de su presupuesto para los próximos dos años, a 16,3 millones de dólares, frente al 39% que propusieron los países pobres. EE UU y Japón fueron algunos de los países ricos que se opusieron a un incremento significativo con el argumento de la crisis económica mundial, y apenas cedieron a su pretensión de sostener un "crecimiento cero" en los gastos.

En uno de los discursos más impactantes de la conferencia, el ministro de Medio Ambiente de Brasil, Carlos Minc, denunció la debilidad de las bases financieras y científicas de la CNULD, que viene a ser como la hermana pobre de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático, que en diciembre celebrará en Copenhague una conferencia clave para el futuro posterior al Protocolo de Kioto. Algunos delegados del Tercer Mundo razonaron que tal vez sea porque la desertificación no afecta a las tierras de los países ricos, que prefieren concentrar los esfuerzos económicos en la cita danesa. Minc propuso un fondo anual de 400 millones de dólares para luchar contra el cambio climático, pero con asignaciones específicas para acciones de adaptación contra la desertificación. Agregó que este combate particular "tendría una ventaja más, muy importante y que no debería olvidarse: la inclusión social de millones de personas miserables, con hambre, desasistidas y lanzadas de un lado para otro como bola de pimpón en busca de su planeta, que ya no existe para ellas".

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, envió un mensaje a la conferencia de Buenos Aires en el que advirtió que la estrategia de acciones concretas que se trazó la CNULD para el periodo 2008-2018 "es central para mejorar el sustento de más de 2.000 millones de personas afectadas". Cada año, estos fenómenos restan un 1% de la productividad mundial de las tierras, y afectarán a casi el 70% del planeta en 2025 si no se aplican estrategias para detenerlos, según el organismo de la ONU. El secretario ejecutivo de la convención, el beninés Luc Gnacadja, fue más optimista el sábado: "Hay un reconocimiento de que necesitamos duplicar la productividad de la tierra para 2030, porque de lo contrario nos afectará a todos".
Posibles soluciones

La UE planteó una propuesta de crear un fondo de 100 millones de euros anuales adicionales a los existentes para combatir la desertificación y también el cambio climático hasta 2020. La directora de Asuntos Internacionales de la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, Soledad Blanco, explicó que el fondo debería financiarse con el mercado del carbono, ayudas de los países desarrollados y también de los emergentes más avanzados, como China, India y Brasil. La viceministra sueca de Medio Ambiente, Asa-Britt Karlsson, reconoció los riesgos del incremento de hambrunas y la compulsión a la emigración, al tiempo que criticó que la convención abunde en cuestiones institucionales.

Uno de los anfitriones, el director de Conservación del Suelo y Lucha contra la Desertificación de Argentina, Octavio Pérez Pardo, planteó que el mundo lleva invertidos 226.000 millones de dólares en mitigar el cambio climático (reducción de emisiones de dióxido de carbono), mientras que sólo ha dedicado 500 millones en adaptación a ese cambio mediante una mejor gestión de suelos, bosques y recursos hídricos. "En esta convención sobre desertificación, hay obligaciones y deberes de países desarrollados y en desarrollo. Los primeros deben apoyar las iniciativas, y los segundos, desarrollarlas. Hay países, como Namibia, que desarrollaron iniciativas, como la rotación de cultivos, y países que han cooperado poco. No estamos conformes para nada con los resultados", concluyó Pérez Pardo.

Países en desarrollo defendieron el uso del conocimiento de los pueblos indígenas en este combate. La conferencia de la CNULD albergó por primera vez un encuentro de científicos, en el que algunos, como Richard Thomas, de la Universidad de la ONU, y Bertus Kruger, de la Fundación para la Investigación del Desierto de Namibia, denunciaron que las grandes compañías extractoras de materias primas contribuyen a la degradación.


Fuente: ElPais.com
Autor: Alejandro Rebossio / Buenos Aires

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