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martes, 15 de febrero de 2011

Sequías, inundaciones y alimentos. Por Paul Krugman

Estamos en mitad de una crisis alimentaria mundial (la segunda en tres años). Los precios mundiales de los alimentos batieron un récord en enero, impulsados por los enormes aumentos de los precios del trigo, el maíz, el azúcar y los aceites. Estos precios desorbitados solo han tenido un efecto limitado en la inflación estadounidense, que sigue siendo baja desde un punto de vista histórico, pero están teniendo un impacto brutal para los pobres del mundo, que gastan gran parte o incluso la mayoría de sus ingresos en alimentos básicos.

Las consecuencias de esta crisis alimentaria van mucho más allá de la economía. Después de todo, la gran pregunta acerca de los levantamientos contra los regímenes corruptos y opresivos en Oriente Próximo no es tanto por qué se están produciendo como por qué se están produciendo ahora. Y hay pocas dudas de que el hecho de que el precio de la comida esté por las nubes ha sido un desencadenante importante de la cólera popular.

¿Y qué hay detrás del repunte de los precios? La derecha estadounidense (y la china) culpa a las políticas del dinero fácil de la Reserva Federal, y hay al menos un experto que afirma que hay "sangre en las manos de Bernanke". Mientras tanto, el presidente francés Nicolas Sarkozy culpa a los especuladores y les acusa de "extorsión y pillaje".

Pero las pruebas cuentan una historia diferente, mucho más siniestra. Aunque hay varios factores que han contribuido a la drástica subida de los precios de los alimentos, el que realmente sobresale es la medida en que los acontecimientos meteorológicos adversos han alterado la producción agrícola. Y estos acontecimientos meteorológicos adversos son exactamente la clase de cosas que uno esperaría ver a medida que el aumento de las concentraciones de los gases de efecto invernadero cambie el clima (lo que significa que la actual subida del precio de la comida podría ser solo el principio).

Ahora bien, hasta cierto punto, el vertiginoso ascenso de los precios de los alimentos forma parte de un encarecimiento general de los productos básicos: los precios de muchas materias primas, que abarcan todo el espectro desde el aluminio hasta el zinc, han estado subiendo rápidamente desde principios de 2009, principalmente debido al acelerado crecimiento industrial en los mercados emergentes.

Pero la relación entre el crecimiento industrial y la demanda está mucho más clara en el caso del cobre, por ejemplo, que en el de los alimentos. Excepto en los países muy pobres, el aumento de la renta no tiene un gran efecto en la cantidad que come la gente.

Es cierto que el crecimiento en algunos países emergentes como China conduce a un aumento del consumo de carne y, por tanto, a un incremento de la demanda de pienso para los animales. También es cierto que las materias primas agrícolas, especialmente el algodón, compiten por la tierra y otros recursos con los cultivos destinados a la alimentación (como también lo hace la producción subvencionada de etanol, que consume muchísimo maíz). De modo que tanto el crecimiento económico como las malas políticas energéticas han contribuido en cierta medida al repentino encarecimiento de la comida.

Aun así, los precios de los alimentos iban a la zaga de los precios de otros productos básicos hasta el verano pasado. Entonces llegó el azote del tiempo.

Fíjense en el caso del trigo, cuyo precio casi se ha duplicado desde el verano. La causa inmediata del repunte del precio del trigo es evidente: la producción mundial ha caído en picada. La mayor parte del declive de dicha producción, según los datos del Departamento de Agricultura de EE UU, es el reflejo de una drástica bajada en la antigua Unión Soviética. Y sabemos a qué se debe eso: una ola de calor y una sequía sin precedentes, que elevaron las temperaturas de Moscú por encima de los 38 grados por primera vez en la historia.

La ola de calor rusa solo ha sido uno de los muchos acontecimientos meteorológicos extremos recientes, desde la sequía de Brasil hasta las inundaciones de proporciones bíblicas de Australia, que han mermado la producción mundial de alimentos.

La pregunta, por tanto, pasa a ser qué hay detrás de estas condiciones meteorológicas extremas. Hasta cierto punto, estamos viendo las consecuencias de un fenómeno natural, La Niña, un acontecimiento periódico en el que el agua del Pacífico ecuatorial se enfría más de lo normal. Y los fenómenos de La Niña se han relacionado históricamente con crisis alimentarias mundiales, entre ellas, las crisis de 2007 y 2008.

Pero la historia no termina ahí. No se dejen engañar por la nieve: en conjunto, 2010 está vinculado con 2005 por ser el año más cálido del que se tienen registros, aun cuando nos encontrábamos en un periodo de actividad solar mínima y La Niña fue un factor de enfriamiento durante la segunda mitad del año. Los récords de temperatura no solo se batieron en Rusia, sino en al menos 19 países, que representan una quinta parte de la superficie terrestre del planeta. Y tanto las sequías como las inundaciones son consecuencias naturales de un mundo que se calienta: las sequías porque hace más calor, las inundaciones porque los océanos más calientes liberan más vapor de agua.

Como siempre, no es posible atribuir ningún acontecimiento meteorológico concreto a los gases de efecto invernadero. Pero el patrón que estamos viendo, con máximos extremos y en general un tiempo extremo que se vuelve mucho más habitual, es justo lo que uno esperaría del cambio climático.

Por supuesto, los sospechosos habituales se pondrán como locos ante las insinuaciones de que el calentamiento global pueda tener algo que ver con la crisis alimentaria; quienes insisten en que Ben Bernanke tiene las manos manchadas de sangre suelen ser más o menos los mismos que insisten en que el consenso científico sobre el clima es el reflejo de una descomunal conspiración de la izquierda.

Pero las pruebas indican, de hecho, que lo que estamos viviendo ahora es un adelanto de la alteración, económica y política, a la que nos enfrentaremos en un mundo recalentado. Y dada nuestra incapacidad para actuar frente a los gases de efecto invernadero, se avecinan muchas más cosas, y mucho peores.





Fuente: ElPais.com / NYTimes.com - Droughts, Floods and Food
Autor: Paul Krugman (Estados Unidos, 1953-) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. Actualmente profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times.
Traducción: News Clips

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domingo, 25 de abril de 2010

El volcán, los terremotos y el cambio climático

Uno de los temas que más controversia ha causado en relación al cambio climático es la conexión que existe -o no- entre el calentamiento global y el incremento de desastres naturales.La erupción del volcán en Islandia (foto) la semana pasada, sumada a los recientes terremotos en China, Chile, México y Haití, que dejaron un total de miles de muertos, volvió a poner en el centro del debate este vínculo que, para muchos, es pura especulación y para otros, una amenaza que hay que considerar.

Una serie de estudios publicados esta semana por la Royal Society de Londres, en el Reino Unido, concluye que hay suficiente evidencia como para afirmar que el cambio climático provocará una mayor incidencia de terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, deslaves y demás desastres naturales.

En vistas de la información disponible, los científicos que elaboraron estos documentos exhortaron al Panel Intergubernamental de Cambio Climático a "investigar este tema de forma más explícita en las evaluaciones futuras del impacto del cambio climático antropogénico en la geósfera, junto con los potenciales peligros que pueda ocasionar".

La conclusión es que a medida que cambia el clima, aumenta la probabilidad de que se produzcan desastres. "Es básicamente un problema estadístico", le dijo a BBC Mundo David Pyle, Profesor de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Oxford, y uno de los editores de la publicación. "Se producirán más inundaciones, más lluvias, más deslaves, pero nunca podrás atribuir al cambio climático éste o aquél desastre natural en particular".

La causa

Todo se reduce a un problema de presión. Según los expertos, el calentamiento puede generar un desastre, como un terremoto, por ejemplo, por la forma en que puede movilizar grandes cantidades de masa en la superficie de la Tierra.

El derretimiento de los glaciares y la elevación del nivel de los mares cambian la distribución de enormes cantidades de agua, que liberan y aumentan la presión en los suelos. Estos cambios de presión aumentan la posibilidad de movimientos sísmicos y rupturas.

"Muchos volcanes de América del Sur, por dar un caso, están cubiertos por hielos. Si el cambio climático hace retroceder a estos glaciares, los volcanes se volverán más susceptibles a los deslaves y la erosión", explica Pyle. "Como consecuencia, esto puede dar lugar a inundaciones", añade el vulcanólogo.

En opinión de Bill McGuire, del Centro de Investigación de Desastres del University College de Londres, autor de uno de los estudios publicados por la Royal Society, los cambios que menciona Pyle pueden ocurrir en las próximas décadas o siglos y no dentro de miles de años, dependiendo de la velocidad con que ocurra el aumento del nivel de los océanos.

¿Beneficios?

La otra cara de la moneda es cómo los desastres naturales afectan a su vez al cambio climático.

En el caso del volcán Eyjafjallajokull de Islandia, su impacto, según Pyle, es mínimo.

Por lo general, las erupciones volcánicas, si son importantes, contribuyen a disminuir la temperatura, algo que desde el punto de vista del calentamiento global es beneficioso.

Pero "por el momento", señala Pyle "no hay evidencia de que el volcán esté liberando una gran cantidad de gas en la atmósfera, que es un factor clave en cuanto al cambio climático".

Al no haber emsiones de gas, no hay enfriamiento. "Eventualmente, en los próximos días o meses, las cenizas desaparecerán de la atmósfera sin provocar efectos a largo plazo", concluyó el experto.



Fuente: BBC mundo
Autor: Laura Plitt / BBC Mundo, Medio Ambiente.

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jueves, 29 de octubre de 2009

Árboles transgénicos, ¿la solución o el problema?

La genética crea bosques de diseño con fines industriales y ecológicos, pero se ignoran sus riesgos

Un grupo de científicos rusos del Instituto de Química Bioorgánica de Moscú ha anunciado que en otoño comenzarán a plantar 300.000 árboles transgénicos al aire libre en las localidades rusas de San Petersburgo y Nizhny Nóvgorod. Las especies transgénicas que han conseguido copiar son abedules y álamos temblones, y la intención de los investigadores es la de frenar la deforestación y el cambio climático.

Los científicos sostienen que cada año desaparecen extensas áreas de bosques en todo el mundo y creen que la solución es plantar árboles industriales. Los rusos, a través de la web Russia InfoCenter, desvelan que a los abedules y álamos temblones se les transplantaron genes procedentes de pinos y álamos. Según se ha sabido, fue un trabajo muy duro seleccionar los genes necesarios, porque más de 40.000 regulan la síntesis natural de la madera.

El resultado es que los nuevos ejemplares son capaces de dar hasta cinco veces más cantidad de madera para producción de papel, ya que su contenido en celulosa es mayor, así como la cantidad de lignina, un compuesto que dificulta la conversión de la celulosa de árbol en papel o biocombustible como el etanol. Además, crecen con más rapidez. Según los investigadores, estos árboles crecen en 15 o 20 años en lugar de los 25 ó 30 necesarios para un árbol normal.

El primer árbol transgénico apareció en 1987 y sólo en China existen bosques con este tipo de árboles. A este respecto, Antonio Ballester, investigador del Instituto de Investigaciones Agrobiológicas del CSIC, deja claro que "no existe ningún árbol transgénico para su cultivo, aunque sí están autorizadas plantaciones muy controladas por las correspondientes comisiones de bioseguridad de los diferentes países". Sin embargo, este investigador confirma que en China hay plantaciones de álamos transgénicos sin control.

A pesar de que el interés comercial era bajo durante los primeros 10 años del desarrollo de árboles transgénicos, este ha crecido paulatinamente desde el fin de la década de 1990. A finales del 2003, el 45% de los permisos otorgados fueron para la industria y, principalmente, para álamos. Pero hasta el momento no ha habido un empuje concertado para la comercialización de árboles genéticamente modificados excepto en China, donde se han plantado más de un millón de árboles transgénicos en iniciativas de reforestación a raíz de la aprobación de su comercialización otorgada por la Administración Estatal de Silvicultura de China en 2002. En el país asiático se están plantando grandes cantidades de álamos resistentes a los insectos, la única aprobación conocida de este tipo.

En el caso de Rusia, según la agencia de noticias Informnauka, las pruebas durarían tres años y, si dan los resultados esperados, se fabricarían árboles a escala industrial. Esto debería modificar la legislación rusa, que actualmente prohíbe las plantaciones a gran escala de estos ejemplares modificados.

En realidad todavía se desconocen las consecuencias que para el medio ambiente y los seres vivos pueden tener estos árboles genéticamente modificados. "No tienen porqué ser peligrosos", afirma Ballester, quien desarrolló el pasado año álamos transgénicos capaces de extraer más cantidad de metales pesados del suelo. Su investigación continúa a escala de invernadero y deberán pedir autorización para sacarlos a una parcela de experimentación al aire libre. "Y al cabo de muchos años, podrían permitir su explotación comercial", añade Ballester.

El gen de una bacteria

El equipo capitanedo por Ballester incorporó al genoma de los álamos un gen de la bacteria Pseudomonas putida, un microorganismo común del suelo. De esta manera, los álamos temblones desarrollan una alta capacidad para absorber TNT de suelos y aguas contaminadas.

Pero los ecologistas no están convencidos. A pesar de que la mayoría de las veces sólo se potencia la acción de genes de los propios árboles, podría ocurrir como en los cultivos transgénicos, como el maíz que se cultiva en toda Europa. Según Isabel Bermejo, de Ecologistas en Acción, "hay riesgo de contaminación a otros cultivos y esto en un bosque puede ser mayor, porque sus ciclos son más largos y, por tanto, su permanencia en el medio ambiente es mayor". Además, los ecologistas opinan que puede ser arriesgado reducir el contenido de lignina en los árboles, ya que les proporciona rigidez estructural y resistencia a las plagas.

Por su parte, Juan Felipe Carrasco, especialista en transgénicos de Greenpeace, enumera sus objeciones a este tipo de árboles. "Estos ejemplares pueden contaminar genéticamente en otros árboles o plantas, son un elemento de control alimentario por parte de un puñado de grandes multinacionales y son un riesgo sanitario, ya que está demostrado que el maíz o la soja transgénica produce daños al hígado e incluso reduce la fertilidad", opina. Carrasco afirma que la patata transgénica, cuyo cultivo apoya el Gobierno español, produce resistencia a antibióticos.

A pesar de las voces en contra, las investigaciones con árboles modificados genéticamente sigue su curso. Recientemente se ha dado a conocer que la compañía estadounidense ArborGen quiere plantar 500.000 eucaliptos transgénicos originarios de Brasil en siete estados diferentes de EEUU. La empresa quiere hacerlos crecer para saber si podrían ser una fuente viable de la que extraer biocombustible, medicamentos o fibra de papel.

Muchas organizaciones ecologistas estadounidenses ya han levantado la voz. "Plantar estos árboles a gran escala expandiría el desastre", dicen. Carrasco lo corrobora y se queja de que, en su opinión, "las mismas compañías multinacionales que destruyen bosques en todo el mundo ahora ofrecen soluciones falsas con árboles perjudiciales".

Medicina no tan tradicional

A pesar de la oposición que suscitan los organismos transgénicos, las investigaciones con vegetales modificados genéticamente surgen por todo el mundo. De hecho, a finales de 2008 se supo que la India estaba de lleno en esta carrera de fondo. Según Greenpeace, algunos organismos de investigación del país asiático, como el Centro Biotecnológico Rajiv Gandhi, están intentando modificar genéticamente hierbas medicinales, como jivanti, ashwagandha, brahmi y creat, que forman parte de su medicina tradicional ayurvédica, para aumentar su contenido en principios activos. "Hemos completado el estudio en laboratorio. Aún no está preparado para pruebas al aire libre y tampoco tenemos la licencia para hacerlo. Sólo se continuará la investigación si se consigue la aprobación de las autoridades", dice un portavoz del centro Gandhi.

A pesar de que los investigadores niegan cualquier implicación negativa para el medio ambiente, ya hay gobiernos que prohibieron las pruebas de esta clase de árboles. Uno de ellos fue el Gobierno belga, que hace un año recibió la solicitud por parte del Instituto de Biotecnología de Flandes de que anulara la decisión de algunos de los ministros del Gobierno que prohibía experimentar con estos árboles a cielo abierto. La decisión no tardó en modificarse: en febrero de este mismo año, y ante las presiones de grupos a favor de los ensayos, el Gobierno belga autorizó estas pruebas.

Así que la carrera es imparable, incluso en España, donde se está experimentando con plantas forrajeras, como la alfalfa y el maíz, para hacerlas más digestibles, y el CSIC trabaja con castaños transgénicos para hacerlos más resistentes.

Como esta carrera siga a esta velocidad, "en los próximos cinco o diez años, veremos árboles transgénicos en el mercado", dice Maud Hinchee, jefe de tecnología de ArborGen. Para Greenpeace, es un retroceso. "Se debería parar la deforestación de los verdaderos bosques, que destruye 60 hectáreas al día en Brasil o 40 en Argentina y aumentar la biodiversidad evitando monocultivos forestales", protesta Carrasco.

Plantas sintéticas para capturar y reciclar el CO2

Global Research Technologies, una empresa estadounidense dirigida por Klaus Lackner, de la Universidad de Columbia, ha creado un árbol sintético que, dice, captura CO2 sin necesidad de luz solar. “Son 1.000 veces más rápidos que un árbol normal a la hora de recolectar CO2. Hacen lo mismo que la naturaleza, pero mucho más deprisa”, dice.

De momento sólo hay ‘preprototipos’, como los llama Lackner: una especie de persianas cuyas ‘hojas’, de un polímero cargado con iones positivos, capturan CO2, que después se comprime y se convierte en líquido para usarse como fertilizante o crear combustibles sintéticos.

“Por cada tonelada de CO2 capturada, nuestro árbol necesita energía que sólo emite 200 kilos”. Un árbol sintético puede recoger 90.000 toneladas al año en lugares donde los auténticos serían incapaces de sobrevivir.


Fuente: Publico.es
Autor: Juan Manuel Daganzo / Madrid

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miércoles, 23 de septiembre de 2009

China y EEUU comprometidos con clima antes de Copenhague

China reveló un plan para limitar las emisiones de carbono para el 2020 y el presidente estadounidense, Barack Obama, pidió a las naciones que actúen ahora para lidiar con el calentamiento global, mientras líderes mundiales intentan inyectar celeridad a las conversaciones por el cambio climático.

Un día después de una cumbre de la ONU sobre clima que reunió a líderes mundiales y antecedió a la Asamblea General anual del organismo, Obama prometió el miércoles promover las energías renovables y compartir tecnología "verde" con países alrededor del mundo.

"Continuaremos avanzando con profundos recortes en las emisiones para alcanzar las metas que fijamos para el 2020 y eventualmente el 2050", dijo Obama en su discurso a la Asamblea General de Naciones Unidas, en el que afirmó que terminaron los días en que Estados Unidos se demoraba en su lucha contra el cambio climático.

A menos de tres meses de una conferencia de Naciones Unidas en la que se buscará sellar un firme acuerdo para combatir el cambio climático, el secretario general del organismo, Ban Ki-moon, pidió a la cumbre de líderes mundiales celebrada el martes que den a las negociaciones un impulso adicional.

"Pese a que la cumbre no es la garantía de que vamos a lograr un acuerdo mundial, hoy ciertamente estamos un paso más cerca de ese objetivo global", dijo Ban al cierre de la reunión en la noche del martes.

La cumbre de un día convocó a casi 100 jefes de Estado y de Gobierno antes de las conversaciones oficiales entre 190 naciones en Copenhague en diciembre para encontrar un reemplazo al Protocolo de Kioto, cuya primera fase expira a fines del 2012.

Analistas y grupos ambientalistas elogiaron cautelosamente a China y Japón, pero dijeron que el discurso de Obama fue amplio en retórica pero escaso en promesas de acciones específicas.

No obstante, el ex presidente cubano Fidel Castro describió desde La Habana como un "gesto valiente" la posición de Obama sobre el cambio climático y dijo que ningún otro mandatario de Estados Unidos había tenido el valor de decir que los países desarrollados causaron daño al medio ambiente.

Obama dijo el martes en un discurso en Naciones Unidas que el cambio climático es una amenaza real para todas las naciones y reconoció que su país tiene la responsabilidad de proveer asistencia financiera y técnica para ayudar a las naciones más pobres en la lucha contra el calentamiento global.

CHINA PROMETE RECORTAR EMISIONES

En su mensaje, el presidente chino, Hu Jintao, dijo que su nuevo plan incluye un vigoroso desarrollo de la energía renovable y nuclear y prometió que las emisiones van a progresar a un menor ritmo que el crecimiento económico en el futuro.

"Intentaremos por todos los medios reducir las misiones de dióxido de carbono por cada unidad del PIB en un margen notable para el 2020 desde los niveles del 2005", dijo Hu.

La promesa, que marca la primera vez que China acepta tomar medidas para limitar sus emisiones, fue considerada un intento por contrarrestar las críticas, especialmente de Washington, que cree que Pekín está haciendo muy poco para combatir el cambio climático.

El nuevo primer ministro japonés, Yukio Hatoyama, recibió elogios por ofrecer más ayuda para que los países en desarrollo lidien con el cambio climático. El líder repitió su objetivo de reducir las emisiones japonesas en un 25 por ciento para el 2020 con respecto a los niveles de 1990.

Hatoyama también propuso establecer un marco de trabajo para coordinar la ayuda climática, pero no dio detalles de cuánto dinero ni de qué tipo de asistencia tecnológica brindaría Japón.

Obama detalló el trabajo de su Gobierno en materia climática desde que asumió la presidencia en enero y dijo que Estados Unidos está comprometido a actuar.

Pero no ofreció nuevas propuestas ni instó al Senado estadounidense a aprobar rápidamente una ley climática que muchos observadores consideran crucial para alcanzar un acuerdo internacional.

"La respuesta de nuestra generación a este desafío será juzgada por la historia, porque si fracasamos en abordarlo valientemente, con rapidez y juntos, nos arriesgamos a condenar a las generaciones futuras a una catástrofe irreversible", dijo Obama.
"Se está acabando el tiempo que tenemos para revertir esta tendencia", añadió.


Fuente: EuropaPress.com / Reuters
Autores: Jeff Mason y Claudia Parsons

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