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martes, 7 de septiembre de 2010

Descubren una isla de basura

Apareció por la acción de las corrientes y los vientos, que aglutinaron los desechos plásticos.
Tras 22 años de juntar restos de plástico acumulados en medio del océano, un grupo de investigadores estadounidenses descubrió cómo y por qué se formó una isla de basura en el Atlántico. Lo que aún no pudo explicar ningún científico, son las consecuencias que tendrá en los seres vivos semejante contaminación.

Ya se sabía de la existencia de la gigantesca isla de plásticos flotantes del Pacífico Norte. Ahora, investigadores de Woods Hole Oceanographic Institution y de la Universidad de Hawaii en Honolulú dieron a conocer –en la revista Science– los resultados de la recolección de muestras tomadas entre 1986 y 2008 por más de 7.000 estudiantes universitarios en 6.136 localizaciones del mar Caribe y del Atlántico Norte. En este último se da la mayor concentración, que llega a 580.000 piezas por kilómetro cuadrado, en su mayoría milimétricas; la superficie de esa zona supera a la de Cuba.

Si bien los investigadores determinaron que los residuos flotantes tardan menos de 60 días en llegar desde las costas norteamericanas hasta la zona de acumulación, la gigantesca isla de plástico se formó con desechos arrojados desde las tres Américas. No obstante, el mayor caudal proviene del norte. Fueron arrastrados por corrientes superficiales y, por una circulación ciclónica de vientos, se aglutinaron en una zona de convergencia, en el mar de los Sargazos. Se trata de “una especie de embudo, donde el agua se concentra y termina yéndose hacia el fondo”, explica José Luis Esteves, a cargo del Laboratorio de Oceanografía Química y Contaminación de Aguas del CENPAT-Conicet, en Puerto Madryn. Allí, la velocidad de la corriente es tan lenta, que un velero podría estar 100 años sin moverse.

Los científicos se sorprendieron al comprobar que, pese a que la producción de plástico aumentó mucho en estos años, no pasó lo mismo con la concentración de restos en la zona de mayor acumulación. Descubrieron que en los trozos más pequeños ya se habían establecido microorganismos, y concluyeron que, después de haberse degradado por el clima y la radiación solar, terminan depositándose en el fondo del mar.

“El impacto global, muchas veces no se ve –señala Esteves–. Esos procesos de degradación tienen importancia en el ecosistema, por la disminución de oxígeno.

Hay plásticos más peligrosos que otros, según su composición.

Originalmente tenían un contenido de mercurio muy elevado, que hoy se ha reducido. Pero en el fondo del mar hay bacterias que transforman el mercurio en metilmercurio, que causa malformaciones fetales” cuando es ingerido a través del pescado contaminado.

Es la pesquería la que produce buena parte de la contaminación. Antes de terminar en una isla de basura, los sunchos de plástico ahorcan a los lobos marinos, cortan el pie de gaviotas y se enriedan en los delfines. Las bolsas matan a las tortugas marinas, que las tragan al confundirlas con medusas.

“Cada uno de estos barcos es un pequeño barrio flotante, con los defectos que tiene cualquier vecino con el manejo de sus residuos –observa el investigador argentino–. Pese a que la Organización Marítima Internacional prohíbe el vertido de todo tipo de plástico, no les importa tirar lo que sea, incluidas baterías de la ecosonda”.

Los plásticos son sólo lo visible. “El problema es lo que incluyen: hay residuos plásticos que contienen pilas o sustancias metálicas –subraya Esteves–. Si son botellas de aceite de vehículos, o de combustible, o sustancias tóxicas, terminan dispersándose en el mar en el lugar donde caigan”.

Además de formar islas de basura, las corrientes marinas y el viento también la amontonan en determinados lugares de las costas. “En la Patagonia hemos detectado zonas de hasta 10 kilómetros.

Cualquier sitio donde haya convergencia oceánica es un lugar potencial de acumulación de basura.

La hay en la isla de los Estados, donde viven sólo cuatro personas, que no son generadoras de basura. Y lo que no quedó ‘colgado’ allí o en las Malvinas, seguirá hasta el centro del Atlántico”.

Esteves ve “extremadamente difìcil” eliminar estas islas, “a menos que haya una campaña de Naciones Unidas. Es una decisión de política internacional”. Entretanto insiste en la necesidad de reemplazar el plástico por otras sustancias, para reducir su uso y para incrementar su reciclado.



Fuente: Clarin.com

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jueves, 9 de octubre de 2008

Más de un tercio de especies animales en peligro de extinción


La amenaza afecta a 17.000 de 45.000 especies analizadas, equivalentes a un 38% del total y supera en 1.300 el número de 2007, según la "Lista Roja" de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

También están en peligro de extinción casi una cuarta parte de las especies de mamíferos existentes en el mundo, denuncia el estudio de la UICN, considerado como la evaluación más completa sobre la biodiversidad del planeta.

De 836 mamíferos no hay datos suficientes

En los pasados 500 años, casi 80 especies de mamíferos han desaparecido, mientras que en la actualidad 188 están a punto de hacerlo, ya sea por la degradación de sus hábitats o la caza furtiva, advierte la organización. De hecho, la situación real podría ser mucho peor, dado que de 836 mamíferos no hay datos suficientes, lo que podría apuntar a su extinción.

"En realidad, el porcentaje de mamíferos en peligro podría ascender al 36 por ciento", sostiene Jan Schipper, autor de un artículo de la revista "Science". Para la UICN, el planeta atraviesa una auténtica "crisis de extinción". "Durante nuestras vidas, centenares de especies pueden desaparecer a causa de nuestras propias acciones, lo que es una señal alarmante de lo que sucede a los ecosistemas donde viven", advirtió la directora general de la organización, Julia Marton-Lefèvre.

El cocodrilo cubano no es para engrosar el menú

"Debemos fijar objetivos claros para el futuro con miras a revertir esta tendencia, para no dejar como legado duradero la desaparición de muchos de nuestros parientes más próximos", añadió. Entre los animales en peligro crítico de extinción la UICN incluyó en 2008 al cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer), un reptil cuya población ha disminuido drásticamente por la caza ilícita para la carne y las pieles, que se usan para la confección de prendas de vestir.

En peligro crítico y posiblemente extinta está también la jutiíta cubana (Mesocapromys sanfelipensis), un roedor que no ha sido observado desde hace casi 40 años. La "Lista Roja" incluye asimismo el lince ibérico (Lynx pardinus), cuya población ya sólo cuenta entre 84 y 143 adultos y sigue disminuyendo a raíz del declive de su principal presa, el conejo europeo.

Desde 1986 no se ven sapos de Holdridge en Costa Rica

Otro mamífero, el ciervo del padre David (Elaphurus davidianus), nativo de China, se encuentra "extinto en estado silvestre". Como definitivamente extinto la UICN cataloga el sapo de Holdridge (Incilius holdridgei), una especie endémica de Costa Rica, ya que pese a extensas investigaciones no han sido vistos ejemplares de este anfibio desde 1986.

Crítica es también la situación del lagarto gigante de La Palma (Gallotia auaritae), encontrado en esa isla canaria. Considerado extinto desde hace cinco siglos pero redescubierto el año pasado, está también clasificado como "en peligro crítico de extinción". En cuanto a los mamíferos, cerca de 450 especies se encuentran en peligro de desaparecer, entre ellas el demonio de Tasmania (Sarcophilus harrisii), el gato pescador (Prionailurus viverrinus) de Asia sudoriental o la foca del mar Caspio (Pusa caspica).

Caza y explotación afecta sobre todo a los grandes mamíferos

La pérdida y degradación de los hábitats afecta al 40 por ciento de los mamíferos del planeta, una situación que reviste mayor gravedad en América Central y del Sur, en África Occidental, Oriental y Central, en Madagascar, así como en el sur y el sudeste de Asia.

La caza y la explotación insostenible afecta sobre todo a los grandes mamíferos, especialmente en el sudeste asiático, pero también en ciertas regiones de África y Sudamérica. Pero también hay buenas noticias, señala la UICN. La evaluación de los mamíferos del mundo muestra que las especies pueden recuperarse gracias a acciones concertadas de conservación. Así, el cinco por ciento de las especies amenazadas muestra señales de recuperación.

Entre ellas está por ejemplo el hurón patinegro (Mustela nigripes) que pasó de "extinto en estado silvestre" a "en peligro", después de ser reintroducido con éxito por el Fish and Wildlife Service de Estados Unidos en ocho estados del oeste de EE UU y en México entre 1991 y 2008. El proyecto de evaluación de los mamíferos se llevó a cabo con la ayuda de 1.800 científicos de más de 130 países.


Fuente: Deutsche Welle

Fotografia: lince ibérico (Lynx pardinus)

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