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domingo, 22 de enero de 2012

Catástrofes naturales en EEUU: ¿capricho del clima o consecuencia de políticas erradas?

Por la envergadura de las catástrofes naturales el año 2011 es comparable solo con 2005, con el huracán Katrina, y con 1998 con la histórica ola de calor y la gran sequía.

Los doce principales desastres de 2011 en EE.UU. han sido: seis grandes tempestades y tornados en la zona costera del país, los desbordamientos de los ríos Mississippi y Missouri en primavera y en verano pasados, la fuerte sequía sureña, la nevada en febrero en la parte central y en el este de EE. UU., el huracán Irene en agosto y los incendios forestales en el sur del país.

Estas doce catástrofes le han costado la vida a 646 estadounidenses. En total en 2011 por los caprichos del clima murieron unas 1.000 personas (si contamos las consecuencias de los desastres climáticos, que no superaron el billón de dólares en pérdidas).


"Estas tormentas no las he visto nunca antes"

Destacan que 2011 en EE. UU. fue mucho más extremo de lo que habían anticipado. Por ejemplo, los seis mayores brotes de tornados no pueden atribuirse al calentamiento global, según los expertos.

"Tenemos unas tormentas tan intensas que nunca antes había visto algo así", afirma Jack Hayes, director del Servicio Meteorológico Nacional.

Este año Texas sufrió incendios en un millón de acres de la zona forestal, cifra récord para el estado. Oklahoma batió el récord del mes más caliente de la historia de EE. UU. En Ohio cayeron tres veces más lluvias de lo habitual, lo que causó el mayor desbordamiento de los ríos.

"Hay muy poca agua en el sur y demasiada en el norte. Es lo que oímos cada vez con más frecuencia", dice Andrew Weaver, científico y experto del clima de la Universidad de la Victoria de Canadá.


¿Por qué han aumentado las catástrofes y su envergadura?

La mayoría de los científicos culpa al calentamiento global y a los 'caprichos' de la naturaleza. "Hay cosas que aguardamos en el contexto del calentamiento global", dice el director del centro, Tom Karl. Pero resulta que los científicos están muy lejos de prever todos los desastres.

"Este año no solo fue un año de anomalías, sino también es el precursor de lo que nos espera, con las olas de calor, sequías y otros extremos del tiempo", afirmó Jane Lubchenco, empleada de la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés) en la conferencia sobre el tema que se celebró esta semana en San Francisco.

Entre los factores por los qué los crecientes desastres provocan cada vez más pérdidas, los expertos señalan también que la migración de la población a la parte sureña de EE. UU. a lo largo de los últimos 30 años, donde ocurren muchas catástrofes juega su papel. Cada vez "más gente vive en la zona de peligro", como las zonas costeras por ejemplo, dice Jane Lubchenco.

El científico Michael Oppenheimer, de la Universidad de Princeton, propone dos cosas que hay que hacer en esta difícil situación: "tratar de lentificar el calentamiento global con la reducción de las emisiones de gases efecto invernadero y prepararse mejor para los extremos climáticos".

¿Servirán las pérdidas billonarias para que EE. UU. se dé cuenta de la necesidad de luchar contra el cambio climático? El mundo espera que Washington se comprometa con la reducción de emisiones de los gases de efecto invernadero. Pero en las negociaciones en Durban EE. UU. todavía se ha manifestado obstinadamente con un 'no'.






Fuente; RT / Russian Today
Fotografía: Un vecindario completamente destruido después que un tornado golpeo a Joplin, Missouri / May 25, 2011 Reuters









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martes, 15 de febrero de 2011

Sequías, inundaciones y alimentos. Por Paul Krugman

Estamos en mitad de una crisis alimentaria mundial (la segunda en tres años). Los precios mundiales de los alimentos batieron un récord en enero, impulsados por los enormes aumentos de los precios del trigo, el maíz, el azúcar y los aceites. Estos precios desorbitados solo han tenido un efecto limitado en la inflación estadounidense, que sigue siendo baja desde un punto de vista histórico, pero están teniendo un impacto brutal para los pobres del mundo, que gastan gran parte o incluso la mayoría de sus ingresos en alimentos básicos.

Las consecuencias de esta crisis alimentaria van mucho más allá de la economía. Después de todo, la gran pregunta acerca de los levantamientos contra los regímenes corruptos y opresivos en Oriente Próximo no es tanto por qué se están produciendo como por qué se están produciendo ahora. Y hay pocas dudas de que el hecho de que el precio de la comida esté por las nubes ha sido un desencadenante importante de la cólera popular.

¿Y qué hay detrás del repunte de los precios? La derecha estadounidense (y la china) culpa a las políticas del dinero fácil de la Reserva Federal, y hay al menos un experto que afirma que hay "sangre en las manos de Bernanke". Mientras tanto, el presidente francés Nicolas Sarkozy culpa a los especuladores y les acusa de "extorsión y pillaje".

Pero las pruebas cuentan una historia diferente, mucho más siniestra. Aunque hay varios factores que han contribuido a la drástica subida de los precios de los alimentos, el que realmente sobresale es la medida en que los acontecimientos meteorológicos adversos han alterado la producción agrícola. Y estos acontecimientos meteorológicos adversos son exactamente la clase de cosas que uno esperaría ver a medida que el aumento de las concentraciones de los gases de efecto invernadero cambie el clima (lo que significa que la actual subida del precio de la comida podría ser solo el principio).

Ahora bien, hasta cierto punto, el vertiginoso ascenso de los precios de los alimentos forma parte de un encarecimiento general de los productos básicos: los precios de muchas materias primas, que abarcan todo el espectro desde el aluminio hasta el zinc, han estado subiendo rápidamente desde principios de 2009, principalmente debido al acelerado crecimiento industrial en los mercados emergentes.

Pero la relación entre el crecimiento industrial y la demanda está mucho más clara en el caso del cobre, por ejemplo, que en el de los alimentos. Excepto en los países muy pobres, el aumento de la renta no tiene un gran efecto en la cantidad que come la gente.

Es cierto que el crecimiento en algunos países emergentes como China conduce a un aumento del consumo de carne y, por tanto, a un incremento de la demanda de pienso para los animales. También es cierto que las materias primas agrícolas, especialmente el algodón, compiten por la tierra y otros recursos con los cultivos destinados a la alimentación (como también lo hace la producción subvencionada de etanol, que consume muchísimo maíz). De modo que tanto el crecimiento económico como las malas políticas energéticas han contribuido en cierta medida al repentino encarecimiento de la comida.

Aun así, los precios de los alimentos iban a la zaga de los precios de otros productos básicos hasta el verano pasado. Entonces llegó el azote del tiempo.

Fíjense en el caso del trigo, cuyo precio casi se ha duplicado desde el verano. La causa inmediata del repunte del precio del trigo es evidente: la producción mundial ha caído en picada. La mayor parte del declive de dicha producción, según los datos del Departamento de Agricultura de EE UU, es el reflejo de una drástica bajada en la antigua Unión Soviética. Y sabemos a qué se debe eso: una ola de calor y una sequía sin precedentes, que elevaron las temperaturas de Moscú por encima de los 38 grados por primera vez en la historia.

La ola de calor rusa solo ha sido uno de los muchos acontecimientos meteorológicos extremos recientes, desde la sequía de Brasil hasta las inundaciones de proporciones bíblicas de Australia, que han mermado la producción mundial de alimentos.

La pregunta, por tanto, pasa a ser qué hay detrás de estas condiciones meteorológicas extremas. Hasta cierto punto, estamos viendo las consecuencias de un fenómeno natural, La Niña, un acontecimiento periódico en el que el agua del Pacífico ecuatorial se enfría más de lo normal. Y los fenómenos de La Niña se han relacionado históricamente con crisis alimentarias mundiales, entre ellas, las crisis de 2007 y 2008.

Pero la historia no termina ahí. No se dejen engañar por la nieve: en conjunto, 2010 está vinculado con 2005 por ser el año más cálido del que se tienen registros, aun cuando nos encontrábamos en un periodo de actividad solar mínima y La Niña fue un factor de enfriamiento durante la segunda mitad del año. Los récords de temperatura no solo se batieron en Rusia, sino en al menos 19 países, que representan una quinta parte de la superficie terrestre del planeta. Y tanto las sequías como las inundaciones son consecuencias naturales de un mundo que se calienta: las sequías porque hace más calor, las inundaciones porque los océanos más calientes liberan más vapor de agua.

Como siempre, no es posible atribuir ningún acontecimiento meteorológico concreto a los gases de efecto invernadero. Pero el patrón que estamos viendo, con máximos extremos y en general un tiempo extremo que se vuelve mucho más habitual, es justo lo que uno esperaría del cambio climático.

Por supuesto, los sospechosos habituales se pondrán como locos ante las insinuaciones de que el calentamiento global pueda tener algo que ver con la crisis alimentaria; quienes insisten en que Ben Bernanke tiene las manos manchadas de sangre suelen ser más o menos los mismos que insisten en que el consenso científico sobre el clima es el reflejo de una descomunal conspiración de la izquierda.

Pero las pruebas indican, de hecho, que lo que estamos viviendo ahora es un adelanto de la alteración, económica y política, a la que nos enfrentaremos en un mundo recalentado. Y dada nuestra incapacidad para actuar frente a los gases de efecto invernadero, se avecinan muchas más cosas, y mucho peores.





Fuente: ElPais.com / NYTimes.com - Droughts, Floods and Food
Autor: Paul Krugman (Estados Unidos, 1953-) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. Actualmente profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times.
Traducción: News Clips

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domingo, 26 de diciembre de 2010

El 2010, un año difícil para la tierra

Este año murieron más personas por desastres naturales que por ataques terroristas en los últimos 40
Terremotos, olas de calor, inundaciones, volcanes, super tifones, aludes, heladas y sequías mataron a un cuarto de millón de personas en todo el mundo en el 2010, el año más mortífero en más de una generación. Más personas murieron por desastres naturales este año que las que han muerto en ataques terroristas en los últimos 40.

Y, dicen científicos, la culpa es mayormente nuestra. La mano del hombre hizo que las catástrofes naturales resultaron más mortíferas y costosas.

Malas construcciones contribuyen a hacer los terremotos más fatales de lo que debieran ser. Más personas viven en la pobreza en edificios vulnerables en ciudades atestadas. Eso significa que cuando la tierra tiembla, los ríos se desbordan, o el típico huracán azota, más gente muere.

Desastres geológicos como terremotos y volcanes "son básicamente una constante", dijo Andreas Schraft, vicepresidente de peligros catastróficos para el gigante de seguros Swiss Re, basado en Ginebra. "Todos lo que cambia es obra del hombre".

El terremoto de enero que mató a más de 220 mil personas en Haití es un ejemplo perfecto. Puerto Príncipe tiene casi el triple de habitantes que hace 25 años, muchos de ellos en extrema pobreza, que viven en casuchas precarias en barrios marginales. Si el sismo hubiese ocurrido en 1985 en lugar del 2010, el total de muertes probablemente habría rondado los 80 mil, dijo Richard Olson, director de reducción de riesgos de desastres en la Universidad Internacional de Florida.

En febrero, un terremoto 500 veces más poderoso que el que azotó Haití sacudió un área en Chile que es menos poblada, tiene mejores construcciones y menos pobreza. El sismo causó menos de mil muertes.

Científicos climatológicos dicen que el clima de la Tierra está cambiando por el calentamiento global generado por la actividad humana, que ha causado fenómenos extremos como masivas inundaciones y calcinantes olas de calor.

A mitad de año, en el verano boreal, un sistema climático causó una intensa ola de calor en Rusia, mientras que más al sur generó inundaciones en Pakistán que anegaron 160 mil 500 kilómetros cuadrados. Ese sistema de calor y tormentas mató casi a 17 mil personas, más que todos los accidentes aéreos en el mundo en los últimos 15 años.

La excesiva cantidad de fenómenos climáticos extremos registrada en el 2010 es un claro ejemplo del calentamiento global del que advierten los científicos. Expertos calculan que la mortal ola de calor rusa _ que fijó un récord nacional con temperaturas de 43.8 Celsius (111 Fahrenheit) _ habría ocurrido una vez cada 100 mil años sin el calentamiento global.

Datos preliminares muestran que 18 países registraron las temperaturas más altas de su historia.

"Esos eventos no habrían ocurrido sin el calentamiento global", dijo Kevin Trenberth, jefe de análisis climático del Centro Nacional de Estudios Atmosféricos en Boulder, Estados Unidos.

Por eso las personas que estudian los desastres dicen que sería equivocado achacar lo sucedido en el 2010 a simplemente otro mal año.

Aunque el terremoto haitiano, la ola de calor en Rusia y las inundaciones en Pakistán fueron los desastres más mortíferos, no fueron lo único sucedido. Sismos mortíferos sacudieron también Chile, Turquía, China e Indonesia, en uno de los años más activos geológicamente en décadas. Hasta septiembre habían ocurrido 20 terremotos de magnitud de 7 o más, comparado con los 16 usuales. Pero no es un récord. Ni siquiera es mucho mayor que el promedio.

Inundaciones mataron a más de seis mil 300 personas en 59 países hasta septiembre, de acuerdo con la Organización Mundial de Salud. Estados Unidos, China, Italia, India, Colombia y Chad se vieron también azotados por inundaciones. El súper tifón Megi, con vientos de más de 320 kilómetros por hora (200 mph), devastó Filipinas y partes de China.

Hasta el 30 de noviembre casi 260 mil personas habían muerto en desastres naturales en el 2010, comparado con 15 mil en el 2009, de acuerdo con Swiss Re. En comparación, las muertes por terrorismo desde 1968 hasta el 2009 fueron menos de 115 mil, según el Departamento de Estado norteamericano y el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.

La organización caritativa Oxfam dice que 21 mil de las muertes por desastres naturales ocurridas este año estuvieron relacionadas con el clima.

Luego que fuertes tormentas invernales paralizasen parte de Estados Unidos y se registraron nevadas récord en Rusia y China, las temperaturas subieron a niveles casi inauditos.

El año podría terminar siendo el más caliente en la historia, o al menos entre los tres primeros, dijo la Organización Meteorológica Mundial. La temperatura global promedio hasta el final de octubre fue de 14.74 Celsius (58.53 Fahrenheit), ligeramente más alta que el récord previo del 2005, de acuerdo con el Centro Nacional de Datos Climáticos en Estados Unidos.

En mayo, Pakistán registró 53.9 Celsius (129 Fahrenheit), lo que puede haber sido la mayor temperatura jamás registrada en un área habitada.

Y partes de la cuenca del río Amazonas en Brasil sufrieron una sequía que redujo sus aguas al nivel más bajo en la historia.

Desastres causaron 222 mil millones de dólares en pérdidas económicas en el 2010 una cifra mayor que la economía de Hong Kong de acuerdo con Swiss Re.

El asesor científico de la Casa Blanca John Holdren dijo que o hacemos algo acerca del cambio climática o nos acostumbramos a los desastres naturales. "La ciencia nos dice claramente que podemos esperar más y más de ese tipo de eventos dañinos hasta que las emisiones de gases de invernadero por la sociedad sean radicalmente reducidas".



Fuente: ElInformador.com.mx / AP / ACR


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jueves, 12 de agosto de 2010

Los incendios en Rusia y las inundaciones en Pakistán tienen origen común

El mundo registra su mayor número de eventos de clima extremo
El mundo registra una secuencia “sin precedentes” de eventos relacionados con climas extremos, desde inundaciones hasta fuertes olas de calor, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo dependiente de las Naciones Unidas.

Tales eventos han derivado en una pérdida de vidas y bienes nunca antes vista, señala el organismo en un comunicado publicado en su página electrónica (Current extreme weather events).

De acuerdo con la OMM, las inundaciones en Asia y algunas partes de Europa central, la ola de calor en Rusia, los deslaves en China y las sequías en el África subsahariana, todas ocurridas casi al mismo tiempo, pueden significar que son correctas las predicciones de los científicos sobre el incremento de los efectos del cambio climático.



“Mientras se requiere un plazo más largo para establecer si un evento individual es atribuible al cambio climático, la secuencia actual de eventos coincide con las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) que pronosticaban más frecuentes e intensos eventos de clima extremo causados por el calentamiento global”, señala el organismo.

La OMM menciona que las lluvias de monzón en Pakistán y otros países del sudeste asiático son agravados por el llamado fenómeno de La Niña, que tiene lugar en el Océano Pacífico.

Entre tanto, el Servicio Federal de Hidrometeorología y Monitoreo Ambiental de Rusia reportó que julio pasado fue el mes más caliente en Moscú, la capital rusa, durante los últimos 130 años de registros climáticos modernos.

“Las altas temperaturas causaron incendios forestales masivos en la parte europea del país. Algunas villas fueron quemadas por completo, mientras el humo afectó la salud y el bienestar de decenas de millones de personas”, señala.

A decir de la OMM, a estos eventos deben sumarse otros ocurridos en Estados Unidos, América Latina y Australia.*


Científico dice que calor en Rusia e inundaciones en Pakistán tienen origen común



El calor anómalo en Rusia y las inundaciones en Pakistán tienen una causa común: cambios en las denominadas corrientes en chorro a gran altura en la atmósfera, según considera el meteorólogo Mike Blackburn de la Universidad (británica) de Reading.

Las corrientes en chorro (jet stream) atmosféricas son flujos serpentinos de vientos muy fuertes a la altura de 7 a 16 kilómetros, según explicó el científico. Su velocidad es diez veces mayor que las velocidades de los vientos terrestres.

Los corrientes que avanzan del oeste al este, pueden oscilar del norte al sur formando las denominadas olas Rossby (Rossby wave) parecidos a meandros de río o pétalos.

Así, señala que en las últimas dos semanas meteorólogos registraron cambios poco habituales en las corrientes en chorros. De este modo, sus olas, que suelen desplazarse al este, alterando la situación meteorológica en general, a mediados de julio se estancaron lo que impidió el flujo de los sistemas meteorológicos normalmente corredizos y creó condiciones favorables a las catástofes naturales.

En Pakistán, señala que el fenómeno atmosférico coincidió con el monzón estival que por la ola estancada por la corriente en chorro llevó más pecipitaciones al norte del país lo que se tradujo en enormes inundaciones, las peores en los últimos 80 años.

Por otra parte, un recodo de la corriente estancada encima de Rusia proporcionó un permanente influjo del aire caliente y seco desde África y conllevó un calor anómalo. Se desconocen todavía las cáusas que hacen estancar las olas Rossby.

Según Blackburn, en los últimos tres años, el fenómeno se ha hecho muy frecuente, a él se atribuyen, en particular, las fuertes inundaciones en Gran Bretaña y un calor anómalo en Europa en 2007.**



*Fuente: CNN Mexico
**Fuente: Europa Press

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lunes, 7 de diciembre de 2009

El imperativo climático. Por Rajendra K. Pachauri

Por ejemplo, está habiendo cambios en los patrones de precitaciones, con una tendencia a que haya mayores niveles de lluvias en las latitudes superiores del mundo y menores precipitaciones en regiones tropicales y subtropicales, así como en el área del Mediterráneo. También está aumentando la cantidad de casos de lluvias extremas, y se están generalizando. Más aún, la frecuencia e intensidad de las ondas de calor, las inundaciones y las sequías van en aumento.

Este cambio en el patrón y la intensidad de las lluvias tiene serias implicancias para varias actividades económicas, así como para la preparación de los países para manejar emergencias como inundaciones costeras de gran escala o nevazones intensas.

Algunas partes del mundo son más vulnerables que otras a estos cambios. La región ártica, en particular, se ha estado calentando a tres veces el ritmo del resto del planeta. Los arrecifes de coral, los grandes deltas (que incluyen ciudades como Shangai, Calcuta y Dhaka) y los pequeños estados formados por islas son también extremadamente vulnerables al aumento del nivel del mar.

Entre otros efectos negativos del cambio climático se encuentra la posible reducción del rendimiento de las cosechas. Por ejemplo, en algunos países africanos podría llegar a disminuir en un 50% para el año 2020. El cambio climático produciría una mayor escasez de agua, que para el año 2020 podría afectar a entre 75 y 250 millones de personas tan sólo en África.

En general, se estima que las temperaturas aumentarán para el año 2100 entre 1,1ºC y 6,4ºC. Para centrarse con mayor precisión en estos escenarios, el PICC ha concluido que lo más probable es que el extremo inferior de esta gama sea 1,8ºC, y 4ºC el superior. Incluso en la estimación más baja, las consecuencias del cambio climático podrían ser graves en varias partes del mundo, lo que incluiría una mayor escasez del agua, graves efectos sobre los ecosistemas, y vidas y propiedades amenazadas debido a inundaciones en zonas costeras.

Puede haber además graves consecuencias para la salud humana si no se pone control al cambio climático, particularmente mayor morbilidad y mortalidad como resultado de olas de calor, inundaciones y sequías. Más aún, cambiaría la distribución de algunas enfermedades, haciendo más vulnerables a las poblaciones humanas.

Puesto que el efecto del cambio climático es global, hace falta que el planeta como un todo adopte medidas específicas de adaptación. Sin embargo, ya es claro que la capacidad de adaptación de algunas comunidades se verá superada rápidamente si no se reduce la intensidad del cambio climático.

Para ayudar a estas comunidades vulnerables, es esencial que el mundo idee un plan de acción para limitar la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero (GEI) . El PICC ha evaluado varios escenarios, y uno que limitaría el aumento futuro de las temperaturas a entre 2 y 2,4ºC requeriría que las emisiones llegaran a su punto máximo no más allá del año 2015, y que se redujeran a partir de entonces. El ritmo de reducción determinaría en qué medida sería posible evitar los peores efectos del cambio climático.

El PICC también ha concluido que un esfuerzo así de estricto para reducir el cambio climático no significaría más de un 3% del PGB global en el año 2030. Lo que es más, hacerlo conlleva enormes beneficios: las menores emisiones de GEI estarían acompañadas de una menor polución del aire y mayor seguridad energética, más producción agrícola y mayores índices de empleo. Si estos beneficios se tomaran en cuenta como un todo, ese coste del 3% del PGB para el año 2030 sería significativamente menor, quizás hasta negativo. El mundo podría optimizar su producto económico y su bienestar al buscar una manera de reducir el cambio climático.

Por tanto, la necesidad de una acción internacional surge de dos importantes observaciones resultantes del trabajo del PICC. Primero, si no mitigamos las emisiones de GHG, será difícil revertir los efectos negativos del cambio climático, lo que implicará más dificultades y posiblemente un riesgo de supervivencia para la humanidad y otras especies.

Segundo, los beneficios de reducir la emisiones de GEI son tan abrumadores que esto, combinado con las perspectiva del daño resultante de la inacción, hace imperativo que el mundo diseñe una respuesta y un plan de acción internacionales. Considerando el reto al que nos enfrentamos, cuya magnitud y naturaleza ha sido claramente descrita por el PICC, la Conferencia de Copenhague, que se ha de realizar este año, debe producir un acuerdo multilateral que lo aborde de manera adecuada.


Fuente: Cop15 / Copenhagen Copyright: Project Syndicate, 2009.
Autor: R. K. Pachauri, ha recibido el Premio Nobel y es Presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático y Director General del Instituto de Energía y Recursos.
Traducción: del inglés por David Meléndez Tormen

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