lunes, 25 de abril de 2011

El cisne negro nuclear. Por Marcel Coderch

Dijeron que otro Chernóbil era imposible pero ha ocurrido. En el mismo Japón y con tecnología de Estados Unidos. Las promesas de que esa energía sería abundante, barata y segura están hoy más lejos que nunca Hasta bien entrado el siglo XVII, en Europa se utilizaba la expresión "cisne negro" cuando alguien quería referirse a una imposibilidad lógica o física, basándose en la creencia generalizada de que todos los cisnes eran blancos. En 1697, sin embargo, un explorador holandés descubrió que en Australia había cisnes negros y esta expresión, recientemente popularizada por el filósofo y financiero de origen libanés Nassim Nicholas Taleb, pasó a utilizarse para calificar cualquier idea o acontecimiento que durante mucho tiempo había sido tenido poco menos que por imposible pero que de repente un día se materializa. La teoría del cisne negro de Taleb se aplica pues a acontecimientos inesperados, que quedan fuera de las expectativas normales, ya sea en el ámbito científico, histórico, financiero o tecnológico, y que tienen un enorme impacto porque trastocan ideas básicas del tan admirado como discutible sentido común.

La tesis del libro de Taleb (El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, Paidós, 2008) es que las consecuencias de estos acontecimientos muy poco probables son enormes; que por lo general están infravaloradas; y que, en realidad, no son tan improbables como pensamos, ya que al tratarse de acontecimientos poco comunes no disponemos de suficientes observaciones para estimar su probabilidad con cierta precisión. También nos explica Taleb que los humanos hemos desarrollado mecanismos psicológicos de defensa frente a la incertidumbre que sesgan nuestro raciocinio, haciendo que evitemos imaginar y prever aquello que no deseamos que ocurra. Todo ello nos aleja de la racionalidad a la hora de entender, prever y actuar en relación a estos fenómenos. Sería difícil encontrar un ejemplo actual más apropiado de lo que es un cisne negro que el del desastre nuclear de Fukushima.

De siempre hemos sabido que la tecnología nuclear es intrínsecamente peligrosa porque supone la generación de enormes cantidades de elementos radiactivos que la naturaleza se había encargado de ir desintegrando a lo largo de centenares de millones de años. Cuando surgió la especie humana ya solo quedaban en el planeta unos pocos elementos radiactivos de larga vida, como el uranio 235, que siguen calentando el subsuelo y cuyas radiaciones llegan a la superficie en forma de una pequeña radiactividad ambiental inevitable. Con el desarrollo de la energía nuclear, sin embargo, lo que hacemos es concentrar en un reactor este remanente de radiactividad de forma que, además de energía, generamos todo tipo de elementos altamente radiactivos que ya no existían en la naturaleza y que se mantendrán radiotóxicos durante decenas de miles de años. Si todo va bien, son lo que denominamos "residuos nucleares", a los que todavía no hemos encontrado acomodo; y si las cosas se tuercen, como ocurrió en Chernóbil y ahora en Fukushima, los desperdigamos por la atmósfera, el mar, la tierra y las aguas subterráneas, incrementando de esta forma y hasta niveles muy peligrosos la radiactividad ambiental.

Fue precisamente uno de los padres de la energía nuclear, el físico italiano Enrico Fermi, quien primero expresó sus dudas al dejar dicho que "al producir energía con la fisión nuclear estamos creando radiactividad a una escala sin precedentes y de la que no tenemos experiencia alguna, por lo que veremos si la sociedad aceptará una tecnología que produce tanta radiactividad". Durante mucho tiempo, los partidarios de esta tecnología han intentado convencernos de que debemos aceptarla en virtud de lo que Alvin Weinberg, otro de sus padres, llamó "el pacto fáustico nuclear": la promesa de un futuro con energía barata y abundante a cambio de un riesgo radiactivo asumible. Y para que aceptáramos el pacto, nos aseguraron que construirían las centrales nucleares de forma que no sufriríamos las peores consecuencias de su radiactividad. Incluso se atrevieron a cuantificar esta seguridad, afirmando que la probabilidad de un accidente grave, con fusión del núcleo y liberación radiactiva al exterior, como en Fukushima, sería de un accidente cada 100.000 años-reactor; o lo que es lo mismo, uno cada 200 años para un parque mundial de reactores similar al actual, o cada 100 años si lo dobláramos. Cuando los accidentes fueron sucediéndose con una frecuencia muy superior, las explicaciones eran cada vez más sofisticadas pero la conclusión siempre era la misma: hemos aprendido la lección y no volverá a suceder. Un claro ejemplo de lo que Taleb llama la falacia narrativa, una interpretación retrospectiva del cisne negro vivido que supuestamente reduce incertidumbres futuras. De hecho, hasta hace bien poco nos aseguraban que "otro Chernóbil es imposible" porque, decían, aquello fue consecuencia de una tecnología anticuada y de un sistema político y económico fallido. Y sin embargo está ocurriendo, a cámara lenta, en Japón, hasta hace poco la segunda economía mundial, y con tecnología norteamericana. Aquello que no podía ocurrir ha ocurrido, violando una vez más el pacto fáustico nuclear.

Pero es que, además, tampoco se ha cumplido la segunda parte de este pacto: la energía nuclear ni es abundante ni es barata, y menos va a serlo después de Fukushima. Hoy se concentra en cinco o seis países que representan más del 75% de una producción nuclear mundial que cubre menos del 3% de la energía final que consume la humanidad, y no parece que la situación vaya a cambiar mucho en las próximas décadas. Y en el aspecto económico, las recientes construcciones de Olkiluoto en Finlandia y de Flamanville en Francia no hacen sino repetir la experiencia del primer ciclo de construcciones nucleares: la incapacidad de la industria nuclear de cumplir con sus plazos y presupuestos. Por si fuera poco, las nuevas exigencias que se derivarán de lo ocurrido en Japón incrementarán de nuevo los costes, y muy probablemente pongan en cuestión el alargamiento de la vida de muchas centrales actuales; una prolongación por otra parte imprescindible si se quiere evitar el declive precipitado e irreversible de la energía nuclear.

La Unión Europea ha anunciado que va a recomendar la realización de pruebas de resistencia en todas las centrales europeas para determinar cuáles de ellas podrían resistir una agresión como la sufrida por los reactores de Fukushima, y clausurar las que no satisfagan los nuevos requisitos de seguridad. Está por ver cuáles serán estos nuevos requisitos, pero la propuesta francesa de excluir de estas pruebas las amenazas derivadas de actos terroristas y ataques aéreos a lo 11-S no parece razonable, ya que de lo que se trata es de que las centrales puedan sobrevivir a cualquier incidente que las prive de suministro eléctrico externo, puesto que esa ha sido la circunstancia que ha desencadenado el grave accidente de Fukushima. Claro está que el llamado station blackout no forma parte de los sucesos contemplados en el diseño base de ninguna de las centrales actualmente en funcionamiento, y que prepararlas para tal eventualidad puede suponer inversiones muy importantes, algo que al parecer los franceses quieren evitar por la cuenta que les trae.

Las promesas de energía nuclear abundante, barata y segura quedan hoy más lejanas que nunca, al tiempo que vamos conociendo la realidad de las consecuencias personales, económicas y medioambientales de un accidente grave en un país industrializado, todo lo cual invalida ambas contrapartidas del pacto fáustico que nos propuso Alvin Weinberg. De hecho, los hay que nunca creyeron las promesas de la industria nuclear y, entre ellos, en lugar prominente, están quienes precisamente son especialistas en valorar riesgos: las compañías de seguros. Siempre se han negado a cubrir la responsabilidad civil de una central nuclear, con lo que nos hemos visto obligados a promulgar leyes que eximen a las eléctricas de esta responsabilidad, más allá de cantidades que, como podremos comprobar en Japón, son simbólicas. A las compañías de seguros no les gustan las nucleares y es fácil comprobarlo leyendo cualquier póliza que tengan a mano. Verán que la letra pequeña dice: "Excluidos los riesgos por accidentes nucleares". Las consecuencias de los cisnes negros nucleares las tendremos pues que pagar de nuestros bolsillos o, lo que es peor, con nuestra salud, y por ello ha llegado el momento de hacerle caso al comisario europeo de la Energía, Günther Ottinger, y plantearnos cómo Europa podría cubrir sus necesidades energéticas futuras sin contar con la energía nuclear. No ya solo porque así lo prefiramos muchos, sino porque probablemente no tengamos más remedio.




Fuente: ElPais.com
Autor: Marcel Coderch, ingeniero, PhD, Massachusetts Institute of Technology. Vicepresidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones de España. También secretario de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN) y miembro del grupo de gobierno de la discusión española sobre el futuro de la energía nuclear. Analista de la energía y las cuestiones geopolíticas para el Real Instituto Elcano. Durante 15 años, ha trabajado en la industria de los medios de comunicación y de 1997 a 2000 fue el director de la división de Internet de Auna-Retevisión. En 2000 formó parte del equipo fundador de fundiciones Tech, una empresa de tecnología que desarrolla servicios de televisión digital. Es autor con Núria Almirón de los libros "El espejismo nuclear", "Los libros del lince".
Fotografía: Graffiti en la ciudad fantasma de Pripyat cerca del cuarto reactor nuclear -la cual se ve en el fondo- de la antigua central eléctrica nuclear de Chernobyl / Sergei Supinsky, AFP-Getty Images-USAToday.com




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domingo, 3 de abril de 2011

La desaparición de abejas ya es un problema global

• La ONU expresó su gran preocupación por la alta mortandad de las abejas a causa de la contaminación y los pesticidas.
Las muerte de las abejas en muchas regiones del mundo puede tener un gran impacto en la agricultura. En un informe publicado este jueves, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente expresa que el fenómeno afecta principalmente a los países industrializados del hemisferio norte. La mortandad de estos insectos llega hasta 85% en algunas regiones y puede tener graves consecuencias en la producción alimentaria. De hecho, de los 100 vegetales que proveen el 90% del alimento del mundo, más de 70 son polinizados por abejas.

Uno de los autores de este primer informe de la ONU sobre la desaparición de las abejas comentó que, en los últimos años, las colonias disminuyeron más del 20% en Europa, el 30% en EEUU y más de 85% en Oriente Próximo. La mortandad de las abejas no afecta a América Latina, África ni Australia.*


• La creciente desaparición de las abejas en todo el mundo está poniendo en peligro la polinización de los cultivos

La polinización de los cultivos, esencial para la alimentación de la humanidad, está en peligro por la creciente desaparición de abejas en todo el mundo. Un problema que ya puede considerarse global, después del informe hecho público ayer por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que asegura que este fenómeno se ha extendido a nuevas regiones del planeta.

Hasta ahora, sólo se había registrado un alarmante aumento de muertes en EEUU y en algunas regiones de Europa, incluida España. Sin embargo, según el informe de PNUMA, en los últimos años el problema se ha extendido a Australia, China, Japón y el norte de África, en la ribera del Nilo. El informe señala que esta grave disminución de las colonias se debe a múltiples factores, como el cambio climático, la contaminación, los pesticidas y el creciente papel de determinados parásitos, que están mermando los cultivos.

La importancia de estas desapariciones es altísima, ya que en las últimas décadas se ha multiplicado el número de cultivos dependientes de la polinización por abejas. En el caso de determinadas frutas, la producción de semillas disminuye en más del 90% al desaparecer estas eficientes polinizadoras. **



* Fuente: Radio Nederland / AFP
**Fuente: Publico.es



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jueves, 31 de marzo de 2011

Nucleares: el fin de la quimera de la energía segura y (casi) gratis

El desastre de Fukushima entierra las grandes promesas del sector. Los beneficios privados exigen un enorme desembolso de dinero públicoEn 1954, Lewis Strauss, financiero estadounidense entusiasta del uso nuclear para fines civiles, pronunció un discurso ante la Asociación Nacional de Escritores Científicos que quedaría como hito de la fe en el potencial de la energía nuclear para mejorar el mundo: auguró que llegaría a ser "demasiado barata para facturarla". Limpia, infinita, segura y, además, gratis: la gran utopía al alcance de la mano.

Casi 57 años después, y pese a Chernóbil y a decenas de sustos y a quiebras económicas -entre ellas, la de Fecsa, aquí-, el eco de esta promesa aún se escuchaba con la música del "renacer nuclear". El pasado 8 de marzo, FAES, la fundación presidida por José María Aznar, presentó su informe Propuestas para una estrategia energética nacional, en el que participaron casi 30 expertos de máximo nivel, que no sólo abogaba por construir más nucleares y extender hasta los 60 años la vida de las actuales, sino que exhibía una fe que lo emparentaba con Strauss: la energía nuclear, insistía, es "sostenible, limpia, segura y económica". Sin matices.

El entusiasmo no dejaba resquicio para el debate: "La gestión de los residuos radiactivos está asegurada y garantizada". Y todavía más: "La seguridad de las centrales nucleares está fuera de duda".

Sólo tres días después, un terremoto arrasó Japón. Y no debe de haber ya nadie en todo el mundo que no haya oído hablar de Fukushima.

"Fukushima supone un antes y un después equivalente al de Chernóbil, acabe como acabe. Ya no se puede decir que es un accidente en una dictadura decadente, sino que se trata de la democracia más pronuclear, junto con Francia", sostiene un alto cargo del Gobierno español experto en nucleares.


Debate abierto

La sensación de que el peligro de "apocalipsis" en Japón supone un antes y un después está muy extendida, aunque ello no zanjará ni mucho menos el debate nuclear. Los pronucleares seguirán defendiendo la necesidad de esta energía para recuperar la senda del crecimiento económico, insistirán en que, pese a todo, es bastante segura y subrayarán que no genera CO2 y que es barata. Los antinucleares responderán que el avance de las renovables la hace ya innecesaria, que la seguridad nunca será total, que sí genera CO2 si se analiza el ciclo nuclear completo y que sólo es barata si la gran inversión requerida está amortizada.

El debate seguirá, pero ya sin la fe de Strauss: ese sueño resultó ser una quimera.

"Seguimos convencidos de que no se puede prescindir de la energía nuclear para afrontar las crecientes demandas energéticas. Pero siempre estamos abiertos a replantear cosas y a aprender de lo sucedido", explica María Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear, que agrupa a la industria española del sector. "Hay que estudiar con mucho detalle lo que ha pasado y ver qué puede mejorarse", admite, comedida.

Las posiciones más entusiastas, las que abrazaron la quimera de Strauss, no han sido patrimonio ideológico de nadie -se encuentran en la derecha y en la izquierda-, pero sí son una característica común de todos los think-tanks partidarios del libre mercado en estado puro. Pero paradójicamente fue el mercado el que primero señaló que el sueño de la energía nuclear baratísima y sin peligro era en realidad una quimera. Nunca se creyó las promesas: ni las aseguradoras quieren darle cobertura ni los inversores jugarse su dinero, salvo si el Estado corre con los gastos.

La única fórmula que se encontró para incorporar a las aseguradoras al circuito fue eximirlas por ley de la responsabilidad civil y endosársela al Estado. Y así ha sucedido en todos los países que han abrazado esta energía, incluido España, desde que la Ley Price-Anderson abriera camino en EEUU, en 1957.


Alto riesgo

Aun así, ninguna empresa se atreve en solitario, como recalca el mismo Diccionario Mapfre de Seguros, que tiene entrada propia para "riesgo atómico": "Dada su gravedad, no es normalmente aceptado por aseguradoras individuales, sino que su cobertura suele corresponder a un pool o consorcio de aseguradores".

Cuando a partir de 2007 empezaron a elevarse las cuantías mínimas a cubrir, ni siquiera sirvieron ya los pools. Y eso que la cifra asegurada es ínfima en relación con la responsabilidad civil que debería afrontar el Estado: el Congreso acaba de elevar en España el seguro obligatorio a 1.200 millones, cuando el Gobierno ucranio ha cifrado en 55.000 millones sólo los costes sanitarios de Chernóbil.

"Se supone que las nucleares refuerzan la economía, pero lo que vemos es que la pueden llevar a la quiebra y las aseguradoras lo saben", opina Carlos Bravo, de Greenpeace.

Tampoco hay inversores que se atrevan a lanzarse a construir centrales nucleares en un entorno de libre competencia. Ni siquiera ante la promesa de ayuda estatal: el último reactor construido en EEUU data de 1979, pese a que George W. Bush y Barack Obama han ofrecido préstamos preferentes que llegarían hasta el 80% del total de la inversión y que podrían llegar hasta 25.000 millones de euros en total.

Pero el mercado no se fía de las bondades nucleares -ya en 1984, la revista Forbes calificó la energía nuclear del "mayor fiasco en la historia económica norteamericana"- ni siquiera para aportar ese 20% sin cobertura. Tampoco en España, donde la moratoria nuclear terminó de facto con la liberalización de 1997, se ha presentado un sólo proyecto privado de nueva construcción. Y esto que nadie era capaz aún de colocar en el mapa a Fukushima, que según todos los expertos exigirá gastos adicionales en seguridad.

En la práctica, las centrales se construyen sólo cuando es el Estado el motor y garante del proceso, ya sea en China o en Francia, cuya energía procede en un 75% de las nucleares. "La inversión requerida es tan grande y a tan largo plazo, con tantas incertidumbres, que el riesgo es enorme", explica Santos Ruesga, catedrático de Economía de la UAM y experto en nucleares.

Desde que empezó el negocio, a mediados de la década de 1950, el coste y el periodo de construcción de una central casi siempre han sido el doble o el triple del previsto en el plan de negocio. Un exhaustivo informe oficial de EEUU calculó que el coste de las 75 centrales estudiadas había superado los 145.000 millones de dólares cuando estaba previsto un desembolso de 45.000.


Sobrecoste en Finlandia

La tendencia sigue hasta hoy. La supermoderna central nuclear que empezó a construirse en Finlandia en 2003 se presupuestó para cuatro años y 3.000 millones de euros. La fecha prevista ahora para su inauguración es 2013 y la factura suma ya 5.800 millones. Estos 2.800 millones de diferencia -y subiendo- los tendrá que asumir el promotor, Areva, controlada por el Estado francés: pagarán, pues, los contribuyentes.

En este desfase radica buena parte de los enormes agujeros financieros de origen nuclear. Para taparlos, siempre se ha recurrido al dinero público. También en España.

La burbuja nuclear que estalló en EEUU en la década de 1980 tuvo igualmente su réplica aquí. Tras llegar al Gobierno, el PSOE declaró una moratoria nuclear que muchos expertos atribuyen en realidad a un intento de evitar la quiebra en cadena de las eléctricas, ahogadas por los créditos de origen nuclear. Con la moratoria se suspendió la construcción de siete centrales imposibles de terminar y posteriormente se repartieron a las empresas 729.000 millones de pesetas (4.391 millones de euros) en indemnizaciones, que han ido pagando los consumidores a través de la tarifa eléctrica.

Pero no fue este el único flujo de dinero público hacia el sector: mientras duró el periodo de amortización -en que los propietarios de las centrales tenían que ir pagando la enorme deuda contraída para la construcción-, funcionaba un sistema estable que pagaba por la energía nuclear una factura alta que permitiera la amortización en sólo 25 años. Después, con la liberalización de 1997, se introdujeron además fondos públicos específicos de más de mil millones -que fueron combatidos por Bruselas- para ayudarla a competir en un mercado abierto.

Y luego está el espinoso asunto de los residuos, que hasta la conmoción de Fukushima era el problema pendiente del sector, por mucho que FAES lo diera por resuelto. También aquí el dinero público acaba acudiendo al rescate, a menudo en el paquete del desmantelamiento de la central tras el fin de su vida útil.


Dudas con los residuos

En España, los residuos de baja y media actividad se van almacenando en El Cabril (Córdoba) y como el horizonte en que llegará al 100% se acerca -en principio, 2030-, urge construir un nuevo almacén, que exigirá el desembolso de otros mil millones. Pero aún no se sabe cómo guardar los de alta actividad, que son apenas el 5% del total pero que representan el 95% de la radiactividad, letales durante centenares de miles de años. Nadie sabe cuánto costará hacerse cargo de todo esto.

Tras la llegada del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se fijó a las empresas un canon de 0,2 euros por Mwh para hacer frente a los residuos. Por esta vía está previsto que el fondo creado en 1985 -y alimentado hasta 2006 con dinero público- alcance 16.000 millones en 2060.

¿Será suficiente? No hay estimaciones oficiales, pero tampoco dudas: no. Reino Unido ha calculado que necesitará invertir 125.000 millones para desmantelar su parque de centrales obsoletas y hacerse cargo de los residuos durante 125 años. La factura la pagará el contribuyente.

"Lo que en España tenemos resuelto en los residuos es el equivalente a una semana de vida de un adulto que llegará a los 80 años. Nadie es capaz ni siquiera de imaginar a cuánto ascenderá el coste", afirma un alto cargo gubernamental.

"Los gastos de esta energía supuestamente tan barata son enormes, pero siempre se socializan", lamenta Ladislao Martínez, una de las referencias del mundo ecologista español, ahora en Fundación Renovables, quien agrega otros dos aspectos que nunca se contabilizan: las carreteras especiales construidas para cumplir con los planes de emergencia y "la increíble consideración de la nuclear como industria nacional cuando desde 2001 importa el 100% del uranio".

Si todos estos gastos se han socializado, no ha pasado lo mismo con los beneficios generados una vez superado el largo periodo de amortización. Tampoco aquí hay datos oficiales, pero sí suficientes indicios como para concluir que han sido muy cuantiosos.

Es ahora, que ya no hay que cargar con los enormes gastos financieros derivados de la construcción, cuando puede hablarse de que producir energía nuclear es barato: según un informe de 2008 elaborado por tres consejeros de la Comisión Nacional de Energía -Sebastià Ruscalleda, Jorge Fabra y Jaime González-, el coste de producción para centrales amortizadas era de 18 euros por MWh en las nucleares, por 58 del carbón y casi 69 del ciclo combinado.


"Caídos del cielo"

En los años de amortización, el sistema beneficiaba a las nucleares. Y el de ahora, en las antípodas de aquél, también: las empresas ofertan su energía en una subasta y Red Eléctrica, tras adquirir el lote de renovables, va comprando por orden de barato. Como las nucleares no pueden parar la generación, entran en el sistema a "precio cero" para asegurar así que se coloca la disponible. Pero luego el sistema establece que todos reciban el mismo pago que la última tecnología que ha entrado en la subasta (la más cara), que suele ser el gas natural.

El negocio es tan redondo ahora, con los costes de capital ya amortizados, que se ha creado un término ad hoc para referirse a ellos: "beneficios caídos del cielo". Del informe de la CNE se desprendía que los dueños de las nucleares se repartieron por esta vía 2.000 millones en 2008. Ello lleva a la cifra media de 800.000 euros al día por central.2008 fue un año excepcional porque el precio de referencia que pagó Red Eléctica subió hasta los 60 euros. Pero incluso con los baremos actuales, en torno a los 40 euros, los beneficios son magníficos: unos mil millones al año en su conjunto, 400.000 euros al día de media por central.


Impuesto en Alemania

Que estas estimaciones se acercan a la realidad lo prueban los cálculos difundidos en Alemania tras la decisión de Angela Merkel -tras Fukushima, congelada- de prolongar 12 años la vida de las 17 centrales: iba a suponer 100.000 millones de ingresos extras para las empresas. La cuenta supone 1,3 millones brutos por central y día. Eso sí, Merkel gravó con un impuesto la prolongación del periodo de funcionamiento, con lo que el Estado iba a ingresar 30.000 millones.

El sector español no da cifras de beneficios. Como mucho, de inversiones: "Hemos internalizado muchos más costes que otros, como los residuos, y pese a ello seguimos siendo competitivos e invertimos 300 millones al año en mejoras al parque nuclear", destaca la presidenta del Foro Nuclear.

La gran paradoja es que el consumidor no se beneficia ahora de que el precio de producción nuclear sea tan bajo porque Red Eléctrica paga la tarifa cara. "Ahora mismo, el gran argumento de que producir energía nuclear es barato sólo sirve para aumentar el bolsillo de sus propietarios", lamenta Javier García, de Ecologistas en Acción. Los beneficios del sector dependen, pues, fundamentalmente de que se alargue la vida de las centrales que ya se amortizaron con ayuda de dinero público: levantar nuevas centrales exige un esfuerzo económico demasiado arriesgado para un inversor privado mientras que las viejas implican beneficios seguros y para hoy. "La industria planteó el renacer nuclear al extremo para quedarse en el punto medio, que es el que en realidad les interesa: prolongar la vida de las centrales", opina Carlos Mulas-Granados, economista y director de Ideas, la fundación del PSOE.

Esta dinámica incrementa más aún los riesgos de la energía nuclear, añade Enric Tello, economista de la UB: "En estas condiciones, se querrá sacar el máximo partido de la gallina de los huevos de oro y las centrales son muy antiguas. La pugna entre la rentabilidad privada y la seguridad pública aún crecerá mas", opina. El sueño de Strauss resultó ser una quimera. Pero aún podría convertirse en pesadilla.




Fuente: Publico.es
Autor: Pere Rusiñol / Madrid



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viernes, 25 de marzo de 2011

La Hora del Planeta 2011: apaga la luz enciende el planeta.

A las 20:30 del sábado 26 de marzo de 2011, individuos, comunidades, empresas y gobiernos de todo el mundo apagarán sus luces durante una hora – La Hora del Planeta –, transcendiendo todas las barreras religión, cultura, sociedad, generación y localización geográfica en una celebración global por el Planeta.


¿Como puedes participar?

Millones de personas de todo el mundo participarán en la Hora del Planeta 2011, el movimiento global contra el cambio climático más grande de la historia. Tus acciones y compromisos por el medioambiente son el comienzo del cambio.

Demuestra que el poder es tuyo: apúntate, apaga la luz y comparte tus acciones para conservar el Planeta en más que una hora.

1. COMPARTE tus acciones en Más que una hora
2. DIFUNDE la campaña entre tus familiares y amigos.
3. PARTICIPA el 26 de marzo a las 20:30 y apaga la luz
4. ÚNETE A LA HORA DEL PLANETA


► Por mas información accede a WWF o a HoraDelPlaneta.es




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miércoles, 23 de marzo de 2011

Se acelera el derretimiento de los polos

Informe de la NASA con datos de dos décadas muestran que el derretimiento de hielo en la Antártica y Groenlandia aumenta en 36 gigatoneladas cada año.Las capas de hielo que cubren Groenlandia y la Antártica tienen suficiente agua como para elevar en 64 metros el nivel de los mares si se derritieran por completo. Un escenario extremo que no ocurrirá, al menos, durante el presente siglo. Sin embargo, un nuevo informe elaborado por la Agencia Espacial Norteamericana (Nasa), advierte que en los últimos años se ha acelerado el ritmo en que se derrite el hielo en los polos y que las predicciones realizadas por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de la ONU (ICPP), en 2007, se harán realidad 50 años antes de lo estipulado.

De hecho, las proyecciones realizadas por el ICPP a partir de investigaciones publicadas entre 2005 y 2006 indicaban que en el escenario más optimista, los océanos se elevarían entre 18 y 38 cm durante el siglo XXI, mientras que en el escenario más pesimista ese incremento fluctuaría entre 26 y 59 cm.

Con datos nuevos en la mano, los científicos de la Nasa concluyeron que si las actuales tasas de derretimiento de hielo se mantienen por las próximas cuatro décadas, hacia 2050 este fenómeno podría contribuir por sí solo a incrementar en 15 cm el nivel del mar y sumado a otros factores como el derretimiento de los glaciares y la expansión térmica del mar, su nivel se podría elevar 32 cm. "Si uno lo proyecta hasta 2100, claramente estamos cercanos al metro o más de incremento en el nivel del mar", dice Gino Casassa, glaciólogo del Centro de Estudios Científicos (Cecs). El investigador fue parte del equipo de 600 científicos que participó en la elaboración del Informe publicado por el ICPP y reconoce que los nuevos datos aportados por la Nasa "exceden con creces todas las cifras publicadas por el Panel".


En ambos polos

El trabajo de la Nasa combinó mediciones mensuales realizadas por un satélite entre 1992 y 2009 con datos arrojados por modelos climáticos atmosféricos para calcular la cantidad de hielo que están perdiendo los polos. De esta manera los investigadores establecieron que en 2006, tanto Groenlandia como la Antártica perdieron 475 gigatoneladas de hielo (cada giga-ton es equivalente a mil millones de toneladas métricas).

Además descubrieron que durante el período en estudio el derretimiento de hielo creció en promedio 36,3 gigatoneladas cada año. "Que las capas de hielo serán la principal causa del aumento del nivel del mar en el futuro no es sorprendente, ya que poseen una masa de hielo mayor que los glaciares de montaña. Lo sorprendente es que esta mayor contribución de las capas de hielo ya está sucediendo", dice Eric Rignot, autor principal del estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters.

La aceleración en el derretimiento de los polos se produciría principalmente por el aumento en la temperatura del mar. Según el IPCC, la temperatura superficial del mar ha aumentado en 0,1° C entre 1961 y 2003. Un alza gatillada por el aumento de la temperatura atmosférica que ha hecho que el mar desintegre los bordes de las grandes capas de hielo, facilitando su derretimiento.

El informe de la Nasa también confirmó que la pérdida de hielo no es igual en ambos polos: mientras en Groenlandia el derretimiento aumenta 21,9 gigatoneladas cada año, en la Antártica lo hace 14,5. En esta última la situación es paradójica: mientras algunas zonas (como el Mar de Amundsen, al oeste de la península antártica) se están calentando y produciendo un derretimiento acelerado del hielo, otras como la Antártica Oriental y el mar de Weddel, se están enfriando por el aumento de las lluvias en las latitudes cercanas al polo. Casassa, sin embargo, es claro y asegura que lo que domina claramente es el derretimiento.




Fuente: LaTercera.com / "Informe de la Nasa advierte aceleración del derretimiento de los polos"
Autor: Alexis de Ponson



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martes, 15 de febrero de 2011

Sequías, inundaciones y alimentos. Por Paul Krugman

Estamos en mitad de una crisis alimentaria mundial (la segunda en tres años). Los precios mundiales de los alimentos batieron un récord en enero, impulsados por los enormes aumentos de los precios del trigo, el maíz, el azúcar y los aceites. Estos precios desorbitados solo han tenido un efecto limitado en la inflación estadounidense, que sigue siendo baja desde un punto de vista histórico, pero están teniendo un impacto brutal para los pobres del mundo, que gastan gran parte o incluso la mayoría de sus ingresos en alimentos básicos.

Las consecuencias de esta crisis alimentaria van mucho más allá de la economía. Después de todo, la gran pregunta acerca de los levantamientos contra los regímenes corruptos y opresivos en Oriente Próximo no es tanto por qué se están produciendo como por qué se están produciendo ahora. Y hay pocas dudas de que el hecho de que el precio de la comida esté por las nubes ha sido un desencadenante importante de la cólera popular.

¿Y qué hay detrás del repunte de los precios? La derecha estadounidense (y la china) culpa a las políticas del dinero fácil de la Reserva Federal, y hay al menos un experto que afirma que hay "sangre en las manos de Bernanke". Mientras tanto, el presidente francés Nicolas Sarkozy culpa a los especuladores y les acusa de "extorsión y pillaje".

Pero las pruebas cuentan una historia diferente, mucho más siniestra. Aunque hay varios factores que han contribuido a la drástica subida de los precios de los alimentos, el que realmente sobresale es la medida en que los acontecimientos meteorológicos adversos han alterado la producción agrícola. Y estos acontecimientos meteorológicos adversos son exactamente la clase de cosas que uno esperaría ver a medida que el aumento de las concentraciones de los gases de efecto invernadero cambie el clima (lo que significa que la actual subida del precio de la comida podría ser solo el principio).

Ahora bien, hasta cierto punto, el vertiginoso ascenso de los precios de los alimentos forma parte de un encarecimiento general de los productos básicos: los precios de muchas materias primas, que abarcan todo el espectro desde el aluminio hasta el zinc, han estado subiendo rápidamente desde principios de 2009, principalmente debido al acelerado crecimiento industrial en los mercados emergentes.

Pero la relación entre el crecimiento industrial y la demanda está mucho más clara en el caso del cobre, por ejemplo, que en el de los alimentos. Excepto en los países muy pobres, el aumento de la renta no tiene un gran efecto en la cantidad que come la gente.

Es cierto que el crecimiento en algunos países emergentes como China conduce a un aumento del consumo de carne y, por tanto, a un incremento de la demanda de pienso para los animales. También es cierto que las materias primas agrícolas, especialmente el algodón, compiten por la tierra y otros recursos con los cultivos destinados a la alimentación (como también lo hace la producción subvencionada de etanol, que consume muchísimo maíz). De modo que tanto el crecimiento económico como las malas políticas energéticas han contribuido en cierta medida al repentino encarecimiento de la comida.

Aun así, los precios de los alimentos iban a la zaga de los precios de otros productos básicos hasta el verano pasado. Entonces llegó el azote del tiempo.

Fíjense en el caso del trigo, cuyo precio casi se ha duplicado desde el verano. La causa inmediata del repunte del precio del trigo es evidente: la producción mundial ha caído en picada. La mayor parte del declive de dicha producción, según los datos del Departamento de Agricultura de EE UU, es el reflejo de una drástica bajada en la antigua Unión Soviética. Y sabemos a qué se debe eso: una ola de calor y una sequía sin precedentes, que elevaron las temperaturas de Moscú por encima de los 38 grados por primera vez en la historia.

La ola de calor rusa solo ha sido uno de los muchos acontecimientos meteorológicos extremos recientes, desde la sequía de Brasil hasta las inundaciones de proporciones bíblicas de Australia, que han mermado la producción mundial de alimentos.

La pregunta, por tanto, pasa a ser qué hay detrás de estas condiciones meteorológicas extremas. Hasta cierto punto, estamos viendo las consecuencias de un fenómeno natural, La Niña, un acontecimiento periódico en el que el agua del Pacífico ecuatorial se enfría más de lo normal. Y los fenómenos de La Niña se han relacionado históricamente con crisis alimentarias mundiales, entre ellas, las crisis de 2007 y 2008.

Pero la historia no termina ahí. No se dejen engañar por la nieve: en conjunto, 2010 está vinculado con 2005 por ser el año más cálido del que se tienen registros, aun cuando nos encontrábamos en un periodo de actividad solar mínima y La Niña fue un factor de enfriamiento durante la segunda mitad del año. Los récords de temperatura no solo se batieron en Rusia, sino en al menos 19 países, que representan una quinta parte de la superficie terrestre del planeta. Y tanto las sequías como las inundaciones son consecuencias naturales de un mundo que se calienta: las sequías porque hace más calor, las inundaciones porque los océanos más calientes liberan más vapor de agua.

Como siempre, no es posible atribuir ningún acontecimiento meteorológico concreto a los gases de efecto invernadero. Pero el patrón que estamos viendo, con máximos extremos y en general un tiempo extremo que se vuelve mucho más habitual, es justo lo que uno esperaría del cambio climático.

Por supuesto, los sospechosos habituales se pondrán como locos ante las insinuaciones de que el calentamiento global pueda tener algo que ver con la crisis alimentaria; quienes insisten en que Ben Bernanke tiene las manos manchadas de sangre suelen ser más o menos los mismos que insisten en que el consenso científico sobre el clima es el reflejo de una descomunal conspiración de la izquierda.

Pero las pruebas indican, de hecho, que lo que estamos viviendo ahora es un adelanto de la alteración, económica y política, a la que nos enfrentaremos en un mundo recalentado. Y dada nuestra incapacidad para actuar frente a los gases de efecto invernadero, se avecinan muchas más cosas, y mucho peores.





Fuente: ElPais.com / NYTimes.com - Droughts, Floods and Food
Autor: Paul Krugman (Estados Unidos, 1953-) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. Actualmente profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times.
Traducción: News Clips

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miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Se está muriendo la Naturaleza? Por Juan Gelman

Es misterioso y todavía no hay explicación científica: desde los últimos días del año pasado se registran muertes casi simultáneas de peces, aves y otras especies en cuatro continentes. El primero de estos fenómenos que se hizo público aconteció en Maryland, a fines de diciembre: dos millones de peces aparecieron muertos en las playas de la bahía de Chesapeake. Días después, en Arkansas: amanecieron 5000 mirlos muertos en las calles y 200.000 peces muertos en el río Arkansas. Noticias parecidas comenzaron a venir de diferentes rincones del mundo.

En la playa inglesa de Thantet, condado de Kent, se encontraron estrellas de mar, cangrejos, esponjas, langostas, caracoles y anémonas sin vida; en Nueva Zelanda, centenares de peces y decenas de pingüinos; en el sur de Vietnam, 150 toneladas de peces; pulpos en el puerto de Vila Nova, Portugal, centenares cada mañana desde el 3 de enero; 400 tórtolas caídas de los árboles, muertas, en Faenza, al norte de Italia, el 6 de enero; pérdidas similares en Argentina (100 toneladas de peces en el río Paraná), Brasil (15 toneladas de sardinas, corvinas y peces gato), en Chile (más de un millón y medio de langostinos en la playa de Quenchi, Chiloé), en Canadá, Alemania y otros países. Son hechos que se han registrado antes. Lo que hoy llama la atención es su coincidencia en el tiempo.

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Abundan las explicaciones más diversas de esta supuesta anomalía, aunque lo cierto es que las investigaciones no han arrojado resultados firmes. Más bien al revés: despiertan nuevas preguntas. ¿Una suerte de envenenamiento general? No se han hallado hasta ahora elementos que confirmen esta hipótesis. ¿El uso de pesticidas? Esto se podría aplicar a las aves, difícilmente a los peces. Hay inferencias místicas: se acerca el año 2012, portador del Apocalipsis. Otras son francamente disparatadas. Un veterinario sueco explicó así las muerte de unos cien grajos en Suecia: “Nuestra teoría principal es que los fuegos artificiales asustaron a las aves y éstas se posaron en la ruta, pero el cansancio les impidió levantar vuelo y las atropelló un coche” (www.rawstory.com, 5-1-11). Debe haber sido un automóvil formidable.

Algunos expertos proponen que la causa radica en la brecha abierta en el polo norte del campo magnético de la Tierra, que la envuelve y protege de los vientos solares y de la caída de asteroides y otros objetos que vagan en el espacio (earthfrenzyradio.com, 6-1-11). Para las aves, va. ¿Y los peces? El vocero de la Comisión de Pesca de Arkansas, Keith Stephens, opina que los peces tambor que terminaron en Chesapeake podrían haber sido víctimas de una enfermedad, dado que todos pertenecían a la misma especie. No deja de ser una especulación. También se menciona el calentamiento global y es bien probable que todos esos factores influyan. Pero el problema de base radica en otro lugar.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) acaba de dar a conocer una lista de las diez especies que corren el mayor peligro de extinción: el tigre, el oso polar, el gorila de la montaña, el pingüino magallánico, el rinoceronte de Java, entre otras (www.tlegraph.co.uk, 25-1-11). Son víctimas desde hace años, siglos, de la depredación humana. La tortuga laúd, la más grande de todas, que ha logrado sobrevivir 100 millones de años sobre este planeta, está diezmada por la caza y su hábitat corre peligro por el aumento del nivel de los mares. Hay peces cuyo destino es convertirse en sushi: “Un solo ejemplar de atún rojo se subastó en Tokio al precio record de 32,49 millones de yenes, aproximadamente 400.000 dólares por un solo pescado” (www.treehugger.com, 15-1-10). ¿Cuánto tiempo le quedará al atún rojo antes de desaparecer?

Unas 900 especies vegetales y animales se han extinguido en los últimos 500 años, según una infografía del sitio Mother Nature Network, y más de otras 10.000 corren el peligro de seguir su suerte (www.mnn.com, 5-3-10). Pero es de un siglo a esta parte que este lance se acelera: la acción del hombre es más rápida que el ritmo de reproducción natural de la flora y la fauna. La ballena gris no está precisamente a salvo y tampoco ecosistemas como el mayor arrecife de coral del mundo, la Gran Barrera de Coral, a veces calificada como el ser animal vivo más grande del planeta. Ubicado frente a la costa australiana de Queensland, se extiende a lo largo de 2600 kilómetros y es visible desde el aire. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1981, pero no faltan los que prefieren el patrimonio propio.

La súbita muerte de aves y de peces era en la antigüedad un presagio seguro de catástrofe que no siempre se cumplía. En el siglo XXI es una realidad tangible. La Naturaleza, ¿se muere o la están matando?




Fuente: Pagina12.com.ar
Autor: Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) es un poeta y periodista argentino, Premio Cervantes 2007. El escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum lo ha calificado como "el mayor poeta vivo de habla hispana". Actualmente reside en México (Guadalajara)en donde recibió en el año 2000 el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. También ha recibido los premios iberoamericanos de poesía Ramón López Velarde, en 2003, Pablo Neruda, en 2004 y Reina Sofía, en 2005.


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