domingo, 26 de julio de 2009

Para 2065 la Tierra habrá perdido casi el total de su capa de ozono



Las consecuencias de la contaminación están haciendo estragos en el medio ambiente, y en particular en la atmósfera. La NASA prevé un futuro oscuro: “En el año 2065 dos tercios del ozono habrán desaparecido, no sólo en los polos, sino en todo el mundo”

“El agujero de ozono descubierto en la Antártida por primera vez en la década de los 80 cuenta con un gemelo en el Polo Norte por lo que la radiación ultravioleta que cae en ciudades de latitudes medias como Washington es lo bastante fuerte como para provocar quemaduras de sol en apenas cinco minutos. Los efectos son dañinos no sólo en los humanos, sino también en las plantas y en los animales", agregó la entidad según publicó 20 minutos de España.

De acuerdo a un artículo publicado en Atmospheric Chemistry and Physics, la NASA realizó con sus científicos una simulación en la que comprueba cómo evolucionaría el planeta desde el año 1974 hasta 2065. Así, muestra el crecimiento ya no de uno sino de dos agujeros en la capa de ozono, hasta que cubren casi la totalidad de la Tierra.

Eso dejaría que, al estar el planeta sin su protección natural, los peligrosos rayos ultravioletas lleguen en niveles extremos de intensidad, lo que produciría en las personas desde quemaduras con sólo cinco minutos de exposición hasta cáncer de piel.

La agonía de la atmósfera es un problema que descubrieron los científicos hace varias décadas. Si bien lograron evitar que la situación se diera en forma más rápida, gracias a un protocolo firmado en 1987 por 193 países que prohibía el uso de sustancias químicas dañinas al ozono, sólo lograron que el empeoramiento se hiciera más lento.

La capa de ozono es la protección atmosférica natural que tiene la Tierra contra los rayos ultravioleta del sol, los bloque casi en su totalidad protegiendo a la vida en el planeta de esas radiaciones que producen quemaduras y daños en el ADN.

Fuente: MinutoUno.com

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domingo, 12 de julio de 2009

El hambre y las nuevas tecnologías en agricultura. Por Pere Puigdomènech

En el actual contexto de reorganización económica parece que la agricultura tiene una presencia marginal. La producción agrícola puede representar menos del 5% del PIB y de la población empleada en los principales países europeos. Sin embargo, la agricultura es una actividad esencial por razones distintas de su valor económico, aunque sea la base de la industria alimentaria, la mayor industria europea en términos económicos y de empleo. Lo es porque nuestra vida depende de ella. Aunque a algunos les pueda sorprender, hemos vivido durante siglos sin automóviles, sin electricidad, sin teléfonos ni televisión, pero nunca hemos vivido sin alimentos ni, desde que existe la sociedad organizada, sin agricultura. Ni, es la pura obviedad, lo podremos hacer en el futuro.

Hasta ahora no lo hemos hecho mal. Las predicciones maltusianas que se han hecho en diferentes momentos no se han cumplido, y la producción de alimentos ha ido aumentando más que la población, de forma que en términos globales la actual producción de alimentos podría en teoría ser suficiente para alimentar a toda la humanidad. Ello se ha conseguido de dos formas simultáneas, aumentando la superficie cultivada y haciendo que la agricultura sea cada vez más eficiente. Ya desde el inicio mismo de la agricultura hemos utilizado cualquier tecnología que estuviera a nuestro alcance para producir alimentos: mejores semillas, aperos de labranza, sistemas de cultivo y de riego, abonos y fitosanitarios.

Pero en este momento tenemos delante de nosotros una situación compleja. La demanda de alimentos se incrementa a la vez por el aumento de población y por una población más exigente. Pero no queremos recurrir a aumentar el terreno cultivado a partir de terrenos salvajes.

La deforestación nos preocupa por los efectos que tiene en el cambio climático y por la pérdida de diversidad biológica que representa. Sabemos además que algunas de nuestras prácticas agrícolas son muy agresivas para el medio ambiente. En nuestro país, el regadío consume más del 70% del agua superficial, y el uso excesivo de abonos y pesticidas es una importante causa de contaminación. Nos preguntamos, por tanto,si estamos consumiendo recursos irrecuperables en el futuro. Y sobre todo, tal como nos ha recordado la última reunión de Naciones Unidas en Madrid, no estamos cumpliendo el objetivo de reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo en el horizonte de 2015. Nos encontramos en un mundo en el que se produce la terrible paradoja de que el número de individuos con un problema de obesidad puede haber superado al de personas con hambre.

Es en este entorno en el que el presidente de la Comisión Europea solicitó al Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías una opinión sobre cuál es el marco en el que puede plantearse el uso de nuevas tecnologías en la agricultura. Porque aunque sepamos que la agricultura ha sido siempre una actividad dependiente de las tecnologías disponibles, algunas de ellas han planteado conflictos importantes. Por citar dos ejemplos recientes, las plantas modificadas genéticamente o los biocombustibles son objeto de discusiones intensas en Europa, en las que diferentes países miembros y diferentes colectivos sociales presentan actitudes muy contrastadas. Pero además nos encontramos en Europa en un entorno de reforma de la Política Agraria Común y con las negociaciones para la liberalización del comercio internacional encalladas por el tema de los precios agrícolas y las subvenciones a la agricultura.

En la opinión se trata de identificar los criterios básicos que sirvan a la hora de tomar decisiones y que se resumen en que las nuevas tecnologías deberían aplicarse en agricultura si contribuyen a asegurar una alimentación suficiente y segura para los humanos y si contribuyen a que esta producción pueda mantenerse a largo plazo.

Como ejemplo, desde esta perspectiva se puede tratar de enfocar dos de las cuestiones polémicas en Europa. Se puede reconocer que debe evitarse el cultivo de biocombustibles cuyo uso compita con la producción de alimentos, pero aceptar al mismo tiempo que pueden ser una alternativa a la dependencia del petróleo y ser un cultivo interesante para algunos agricultores. Por tanto, puede recomendarse que se cultiven en terrenos en barbecho y que se acelere la investigación para tratar de que el combustible se produzca a partir de lignocelulosa y no de almidón.

Igualmente puede reconocerse que las plantas transgénicas pueden dar lugar a cultivos más productivos, pero su uso debe hacerse en condiciones de un análisis detallado del impacto en relación con los posibles riesgos y beneficios que aporten.

Pero en Europa la agricultura es un tema muy político. Lo es en tanto que la Política Agraria Común sigue representando la mayor aportación del presupuesto comunitario y de ella depende la actividad de muchas zonas rurales y en tanto que esta misma política está en el centro de las discusiones internacionales sobre comercio. Por tanto, si se sigue la recomendación de introducir criterios éticos en la agricultura habrá que reconocer que el acceso a los alimentos es un derecho para todos los individuos del planeta y que la actividad agrícola en todas sus formas debe realizarse de forma sostenible desde el punto de vista social y ecológico. Y debería ser necesario que este tipo de criterios esté presente en las negociaciones internacionales.

En este entorno se propone que Europa tome sus responsabilidades como primer actor mundial en el comercio de alimentos y como defensora de valores que se proclaman desde la Unión Europea. Por ello Europa debería mantener el nivel que ha tenido siempre en el desarrollo de tecnologías que promuevan al mismo tiempo la producción agrícola y respeten el medio ambiente y la diversidad biológica. Europa podría ser determinante en la forma como se introducen estas tecnologías permitiendo que tengan acceso a ellas quienes más los necesitan y que se haga con respeto a las estructuras sociales y al conocimiento local europeo y en el contexto global. Por ejemplo, la introducción de ciertos criterios de propiedad intelectual en la producción de alimentos o la gran concentración en pocas manos de algunas de las etapas de su producción y distribución pueden acabar siendo una barrera para el acceso de quienes las necesitan a las nuevas tecnologías y sus productos. En las actuales discusiones internacionales, Europa puede ser decisiva para que se introduzcan en temas relativos a la agricultura y la alimentación criterios que respeten aquellos valores que decimos defender.


Fuente: El País.com
Autor: Pere Puigdomènech, es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona. Doctor en Biología por la Universidades de Montpellier (Francia) y Autónoma de Barcelona. Con estancias postdoctorales en el CNRS (Francia), Portsmouth Polytechnich (Reino Unido) y en el Max-Planck-Institut für Molekulare Genetik (Alemania). Actualmente es Profesor de Investigación del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y Director del Instituto de Biología Molecular de Barcelona del CSIC. También Presidente de la Sociedad Catalana de Biología, miembro de Comité Científico Director (Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías) de la Unión Europea.

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domingo, 28 de junio de 2009

España, paraíso europeo de los transgénicos

De las 100.000 hectáreas de cultivos transgénicos que hay en Europa, 80.000 se cultivan en nuestro país. Asociaciones científico-empresariales como Asebio y diversas instituciones españolas aplauden su utilización y lo califican de tecnología avanzada. Sin embargo, desde las organizaciones ecologistas se critica que la mayor parte de terrenos dedicados a este tipo de productos estén ubicados en nuestro país.

Los organismos genéticamente modificados (OGM) son todos aquellos (plantas, animales y bacterias) cuyo genoma es manipulado, la mayoría de las veces con la introducción de genes de otras especies, para mejorar sus condiciones naturales. Así se consigue por ejemplo la resistencia a plagas, el crecimiento en condiciones medioambientales hostiles o la maduración retardada, entre otras.

No obstante, a pesar de estas aparente ventajas, países como Alemania, Rumanía, Italia, Polonia, Francia, Grecia, Austria y Hungría han ampliado su moratoria al maíz MON-810, principal cultivo transgénico en territorio ibérico.

La comercialización de este tipo de maíz fue aprobado por la Unión Europea en 1998, de acuerdo con una antigua normativa. La modificación de dicha legislación, considerada inadecuada originó que los estados pudieran acogerse a una moratoria para no plantar maíz de este tipo. Ya en 2003 entró en vigor una nueva directiva europea, más rigurosa y que exige una evaluación a largo plazo de las repercusiones de los OMG, según datos aportados por Ecologistas en Acción.

La razón de que en nuestro país si se acepte la siembra del MON-810, según Emilio Muñoz, investigador jubilado del CSIC y miembro de Asebio, Asociación Española de Empresas de Biotecnología, reside en que este tipo de maíz está más regulado que un maíz que nos es transgénico. Muñoz admite que la agricultura siempre ha sido una actividad depredadora, aunque destaca que en este caso "aporta beneficios a los agricultores". "Se trata de una tecnología contrastada, regulada y muy avanzada", explica. A su favor cita dos ejemplos: el hecho de que prácticamente el 80% de la soja producida en el mundo ya es transgénica y el que el presidente de Brasil, Lula da Silva, acabará aceptando los transgénicos porque eran beneficioso para sus agricultores.

Sinn embargo, en Greenpeace no están de acuerdo con estas explicaciones. Para la organización ecologista la respuesta a por qué España cultiva estos productos está en que Monsanto (dedicada a este negocio) y las multinaciones están presentes en el Gobierno.
Y van más allá: "Es un tema político, de mafia política", añaden. "El hecho de que la actual ministra de Ciencia e Innovación fuera presidenta de Asebio, demuestra que en el Gobierno de Zapatero hay intereses en la materia", sentencian.
Carlos Vicente, director de Biotecnología de Monsanto, niega un interés oculto de las multinaciones y asegura que son una compañía privada y que no intervienen en cuestiones de carácter político.

También discrepa de la opinión de los ecologistas y asegura que el MON-810 "no es en absoluto perjudicial. No hay ninguna razón de índole científica para prohibirlo". Vicente explica que la EFSA (Autoridad de Seguridad Alimentaria Europea) ha ratificado de manera reiterada su total seguridad. Asimismo añade que las propias autoridades científicas francesas y alemanas han certificado también la falta de riesgos.

"La decisión unilateral de estos países es exclusivamente de carácter político y comercial y contraviene el derecho de los agricultores de estos países a usar una tecnología que han venido utilizando en los últimos años y que otros agricultores de todo el mundo sí pueden utilizar", afirma.

La seguridad en los alimentos modificados genéticamente ¿Podemos estar tranquilos cuando consumimos alimentos modificados? Según afirman fuentes de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESA), todos se someten "uno por uno a todo tipo de pruebas". Esta evaluación la realiza la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) con sede en Parma (Italia).

Desde la propia página web de esta agencia se informa de que un grupo de científicos expertos e indepedientes someten los transgénicos a controles alérgicos, ecológicos, microbiológicos, toxicológicos, de la fisiología de la planta y de genética molecular. Además, los productos que deriven de cosechas transgénicas deben ser etiquetados con la mención "modificado genéticamente" o "producido a partir de -nombre del ingrediente- modificado genéticamente".

En Monsanto también creen en los beneficios de los transgénicos para la sociedad y el medio ambiente. Citan como ejemplo de ellos la reducción del uso de insecticidas y el incremento de la productividad. La biotecnología también puede servir para desarrollar variedades que contribuyan a una dieta más sana.

Este es el caso de las variedades de soja con menores niveles de grasas trans y las nuevas variedades con omega-3, que se encuentran en su penúltima fase de investigación, según datos aportados la multinacional.

No obstante, Greenpeace vuelve a poner en duda estas afirmaciones. Los ecologistas creen que son malos para la salud, que la EFSA no realiza los controles necesarios y que no se ha demostrados que sean inocuos. "Lo que sí se ha demostrado es que influyen negativamente en la fertilidad y en la reproducción de los mamíferos", aseguran desde la organización ecologista en base a un estudio realizado por una universidad austriaca.
Ecologistas en Acción tampoco aconseja su consumo. La organización cita a la Comisión Europea para afirmar que el proceso de creación de organismos manipulados genéticamente está rodeado de incertidumbres, que pueden dar lugar a multitud de efectos imprevistos. "La inserción de ADN extraño en una posición no deseada dentro del genoma puede potenciar o silenciar los procesos de producción de proteínas y provocar cambios de composición o la aparición de compuestos potencialmente tóxicos en los alimentos, con riesgos para la salud", según las palabras extraídas del informe "Buenas razones para retirar las variedades de maíz MON810 cultivadas en España" elaborado para este grupo. "Se da la paradoja de que no se pueden sembrar cultivos que sí pueden importarse de otros países terceros", afirma.

¿Riesgos para el ecosistema? Los ecologistas lo tienen claro. Los cultivos transgénicos no son buenos para el campo. El experto en transgénicos de Greenpeace explica que en primer lugar este tipo de cultivos producen lo que se llama contaminación genética. Es decir, se eliminan las barreras de protección entre terrernos lo que obliga a los agricultores que no siembran transgénicos a cambiar las fechas de siembra y por lo tanto a asumir costes muy altos.
Los ecologistas lo definen como un "ataque a las opciones no transgénicas". Además, Greenpeace alerta de que se producen además daños al suelo, la flora y la fauna.

Por ello, en la Unión de Pequeños Agricultores creen que no se puede negar la realidad de que en España hay agricultores que cultivan transgénicos –y recalcan que es "es absolutamente legal hacerlo"- y hay otros que practican la agricultura ecológica y convencional. Consideran que es una obligación del Gobierno dar tranquilidad a los productores agrarios, del tipo que sea y por ello, si se autoriza el cultivo de un transgénico, debe regularse que esa actividad sea segura.
El científico Emilio Muñoz no está de acuerdo con la idea de la contaminación genética que critica Greenpeace y puntualiza que ojalá todos los cultivos agrícolas estuvieran tan regulados como los transgénicos. Carlos Vicente, de Monsanto, apoya estas declaraciones y subraya que los transgénicos aportan importantes beneficios para los agricultores y para el medio ambiente.
"Después de 12 años de cultivos transgénicos no existe ni un solo caso de efectos adversos para la salud o el medio ambiente", asegura.

Por su parte el secretario general de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), Carlos Ferrer, asegura estar a favor de la biotecnología aplicada a la agricultura. Asaja enumera una lista de razones por las que están a favor de los transgénicos: aumentan el rendimiento, ayuda a cubrir las expectativas europeas en lo que se refiere a las cuotas de biocombustibles y se basa en que la biotecnología no se cuestiona en otras ciencias y en que, a su juicio, el gran colectivo del mundo científico no cuestiona los transgénicos. Por ello, piden a la Administración que de tranquilidad a los productores agrarios y que se regule el cultivo de productos modificados para que esa actividad sea segura.

Pero, no todos los agricultores piensan igual. El experto en transgénicos de la Coordinadora de Agricultores y Ganaderos (COAG), Andoni García, asegura que rechazan los transgénicos porque no respetan el principio de precaución y pueden dar problemas para la salud humana y el campo. "Si hay transgénicos no puede haber otra agricultura porque la desplazan", asegura García. En su opinión, los transgénicos están en manos de las multinacionales y a éstas no les interesa la alimentación ni el hambre mundial. Por ello, exigen al Gobierno español que defienda una agricultura social.

Fuente: ABC.es
Autor: Teresa Sánchez Vicente / Madrid

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domingo, 14 de junio de 2009

¿Un lenguaje profético para el cambio climático?

Estados Unidos está viviendo un interesante debate moral sobre la comunicación del cambio climático: desde Seed Magazine al New York Times se preguntan cómo generar inquietud y urgencia por la acción en la opinión pública y si merece la pena utilizar técnicas de manipulación publicitaria.

Todo comenzó con un memoramdum filtrado a la prensa por error, de Ecoamerica una consultora que actúa dentro del lobby que defiende acciones contra el cambio climático y que orientaba a políticos y activistas amigos a vestir el discurso sobre cambio climático de valores aspiracionales y sueño americano para que las medidas fueran asociadas a cosas que la gente realmente quiere.

Con un muy comentado artículo titulado Is there a better word for doom (¿Hay una palabra mejor para decir perdición?), Seed Magazine ha abierto el debate preguntando a expertos en comunicación, científicos y ecologistas.

El problema central que trasluce el debate es que para vender cambio climático hay que vestir el discurso de otras cosas: hacerlo parte de una esperanza social más amplia o miedo a la catástrofe.

Tanto en una perspectiva como en otra nos acercamos claramente al lenguaje y la forma de la prédica religiosa, a costa de aspectos claves de la posición del debate científico y las acciones políticas reales.

Según Andrew Revking
Los humanos permanecen centrados fundamentalmente en el aquí y el ahora, y los peores resultados en un mundo en calentamiento pertenecen al “en algún momento” o “algún lugar”

Las consecuencias: vender el cambio climático implica transmitir una cierta idea de trascendencia y miedo al futuro típica del pensamiento religioso protestante, que ponga en valor el “en algún momento” (cambio climático) frente al ahora (la crisis).

Si preguntamos a Google Trends sobre cambio climático y crisis o calentamiento global y crisis, veremos claramente cómo cuando la crisis emerge, la gente se centra en los problemas del presente antes que en el miedo al castigo de mañana.

Fuente: Ecoperiodico.com

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martes, 2 de junio de 2009

EE UU admite por primera vez los efectos perjudiciales del CO2 sobre la salud

- La autoridad medioambiental de EE UU ha concluido que seis gases de 'efecto invernadero' contribuyen a la contaminación del aire.
- Reconoce que con ello se pone en peligro la salud humana, lo que marca un cambio en su posición sobre el cambio climático.

La autoridad medioambiental de EE UU ha decidido considerar como peligrosos para la salud pública los gases causantes del 'efecto invernadero', sobre todo el dióxido de carbono (CO2). Tras un estudio científico profundo, ordenado por el Tribunal Supremo (Corte Suprema) en el año 2007, la Environmental Protection Agency (EPA) ha concluido que seis gases de 'efecto invernadero' contribuyen a la contaminación del aire y pueden poner en peligro la salud pública.

El resultado del informe confirma que la contaminación por gases de 'efecto invernadero' representa un grave problema ahora y para las generaciones futuras. "Este problema de contaminación tiene una solución. Una que creará millones de empleos ecológicos y pondrá fin a la dependencia de nuestro país respecto al petróleo extranjero", dice Lisa Jackson, directora de la EPA.

Esta esperada decisión marca un cambio en la posición de EE UU sobre el cambio climático y representa una señal de la intención del Gobierno federal de adoptar medidas para limitar las emisiones de los gases que contribuyen al calentamiento global.

En abril de 2007, cinco de los nueve jueces del Tribunal Supremo determinaron que el dióxido de carbono era contaminante. Encargaron a la EPA dilucidar si el gas dañaba la salud y el bienestar públicos y ordenaron que, de ser así, la agencia debía preparar normas para reducir las emisiones de CO2.

En diciembre de 2007, la EPA envió un borrador al Gobierno del entonces presidente, George W. Bush, con la conclusión de que el CO2 dañaba el bienestar público. Pero la Administración republicana no acusó recibo del informe y pasó el resto de su mandato resistiéndose a la decisión del Supremo.

Fuente: 20minutos.es

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miércoles, 20 de mayo de 2009

Un planeta contaminado por el plástico. Por Allan R. Handysides

¿Es demasiado tarde para cambiar?

En mis viajes por razones de trabajo, he sido testigo de escenas desesperantes. Pocas situaciones me afectan más que ver personas hurgando en la basura pero cuando los que revuelven son niños, el dolor que siento es mayor.

Hace poco observé con angustia a un grupo de jóvenes que revolvía desperdicios en un basural de Madagascar. En un viaje anterior, fui testigo de la misma situación en la India. Pero más terrible fue enterarme que viven en los basurales. Allí duermen, crían a sus hijos y mueren. Sus vidas parecen reducirse al imperativo de la supervivencia.

Esto se vio realzado cuando hace poco leí un libro escrito por Alan Weisman titulado The World Without Us (El mundo sin nosotros). El autor, obviamente evolucionista, describe su visión de lo que sucedería en la tierra si los seres humanos desaparecieran misteriosamente. Su trasfondo científico lo autoriza a describir bien este escenario imaginario, pero también le permite describir un futuro truculento en caso de que los seres humanos no desaparezcan de la tierra.

Un inmenso basural

Lo que me más me impresiona del libro es la posibilidad que la tierra se convierta en un inmenso basural. Esto 
refuerza mi creencia de que Jesús vendrá pronto y me convence que todos los seres humanos somos parte del problema 
de la contaminación. Por ello, todos tenemos que luchar para 
mejorar las condiciones de vida en esta tierra.

En el capítulo titulado “Los polímeros son eternos”, 
Weisman describe el trabajo de varios biólogos marinos. Cuando aún era estudiante universitario, Richard 
Thompson, ayudó a limpiar una de las costas de Gran 
Bretaña. Al remover varias toneladas de desperdicios llevadas por las olas, notó que los trozos de mayor envergadura 
parecían ser dirigidos por el viento. Esto significaba que estaba limpiando la basura proveniente de Irlanda, y que 
los desperdicios flotantes de Inglaterra estaban afeando 
las costas de Escandinavia. Thompson notó que también había una gran cantidad de pequeñas partículas que por lo general pasan desapercibidas entre las botellas, las bolsas de plástico, neumáticos y trozos de cuerda.

Thompson, que ahora es profesor de la Universidad de Plymouth, en Inglaterra, señala que las aguas de Plymouth contienen una subespecie de diminutas partículas llamadas nurdles. Tienen la forma de bastoncitos de unos dos milímetros, y están compuestos por las materias primas utilizadas para crear los productos plásticos de todo tipo. Dice que fueron arrastrados por las corrientes por cientos de kilómetros, ya que en las cercanías no existen fábricas de plástico.

La acción de las olas va destruyendo el plástico en partículas cada vez más pequeñas. Cuando Thompson analizó las muestras en el laboratorio, encontró que un tercio son 
desperdicios biológicos, otro tercio son partículas de plástico, y el tercio final está compuesto por partículas difíciles de definir pero que son polímeros plásticos de algún tipo.

A comienzos del siglo XX, Alistair Hardy, otro biólogo marino, comenzó a tomar muestras del mar al recolectar el kril en un aparato que diseñó para ser arrastrado desde los buques en alta mar. El programa que comenzó continúa aún hoy, y los especímenes guardados ofrecen una historia cronológica de los océanos en el último siglo. El dispositivo se hunde y arrastra unos diez metros bajo la superficie y recolecta el kril, que son pequeños crustáceos marinos con forma de camarones. El kril se encuentra en la base de la cadena alimentaria. Estas criaturas ingieren partículas diminutas y funcionan como pequeños tamices del océano.

Los plásticos han existido por solo unos setenta años. En la primera mitad del siglo, no se halló plástico en el océano. En la década de 1960, sin embargo, se comenzó a ver que el kril estaba ingiriendo partículas de plástico. Para la década de 1990, la presencia de este elemento en los océanos se había triplicado.

El plástico no se degrada; solo se sigue dividiendo en partículas cada vez más pequeñas hasta que pueden ser ingeridas por el kril. Hemos visto fotografías de tortugas que consumieron bolsas de plástico, de aves atrapadas por redes de pesca de plástico o nailon y los animales más pequeños están ingiriendo micropartículas de plástico, a menudo con consecuencias mortales.

Los fabricantes de plástico saben bien que su producto no es biodegradable. Conscientes de las crecientes montañas de desperdicios plásticos, comenzaron a fabricar bolsas “biodegradables”, que son una mezcla de celulosa y plástico. La celulosa se degrada, porque está compuesta básicamente por azúcares, pero las partículas de plástico siguen allí, solo que ahora en micropartículas que son arrastradas con más facilidad por el océano.

¡Está en todas partes!

El plástico está en todas partes. Hace poco conté los envases plásticos en mi propio baño. Había dos de champú, dos de acondicionador, uno de jabón líquido y un tubo de limpiador facial. En el estante opuesto había recipientes de crema humectante y otros con medicamentos. El cesto de los residuos tenía dentro una bolsa de plástico. Mi cepillo de dientes y mi cepillo para el cabello eran de plástico, y también el estuche donde llevo mis artículos de tocador en los viajes. Y podría seguir. Si el tiempo siguiera, dentro de mil años estas “necesidades” plásticas seguirían existiendo en forma de detritos en alguna playa contaminada.

Cada día, personas que tienen agua potable utilizan 
millones de botellas plásticas porque prefieren utilizar envases desechables, que un instante después arrojan a la basura. En su lugar, un simple filtro podría hacer que el agua de cualquier ciudad sea como el agua embotellada. ¡Todo por no beber de un recipiente de vidrio o metal que puede ser utilizado una y otra vez!

Las partículas plásticas de las cremas cosméticas van a parar a los desagües, desde donde llegan en último término al océano. Como no son lo suficientemente grandes, no son arrastradas por el viento sino hacia las corrientes profundas. Weisman dice que allí permanecerán “para siempre”.

Pensemos en nuestras mascotas; solemos recoger sus deposiciones en una bolsa plástica. Nuestra sociedad, tan acostumbrada a desechar y descartar, ha hecho que vastas secciones del océano se transformen lentamente en fuentes sépticas en movimiento.

La inmensa oscilación subtropical del Pacífico Norte es un basural de más de 25 millones de kilómetros cuadrados. Ese lento sifón giratorio es uno de los seis sistemas similares que existen en los océanos del mundo. Las muestras de este basurero flotante revelan que las partículas de plástico superan a las de plancton en una proporción de más de seis a uno y tienen la capacidad de actuar como esponjas de resistentes pesticidas como el DDT y de los tóxicos bifenoles policlorados (PCB). Estos últimos solían hacer que el plástico fuera más maleable, pero en 1970 fueron prohibidos por su nivel de toxicidad. Aun así, los deshechos previos a 1970 podrían seguir contaminando las aguas con PCB durante siglos.

Tony Andrady, un importante experto en plásticos, dice: “Cada trozo de plástico fabricado en los últimos cincuenta años aún existe”. ¡Eso significa más de mil millones de toneladas!

Es probable que pensemos que es inconcebible vivir sin plástico, pero al menos tenemos que participar en las tareas de reciclado. En la actualidad, es más costoso reciclar el plástico que fabricarlo, pero esto se debe a que no tomamos en cuenta el costo que tiene para el planeta. Es necesario facilitar y racionalizar el proceso, y los impuestos deberían favorecer los productos reciclados.

Pequeños cambios pueden hacer una gran diferencia. “¿Quiere una bolsa de plástico o de papel?”, pregunta la cajera del supermercado. “Es mejor el plástico –decimos–. ¡Salvemos a los árboles!” ¡Respuesta equivocada! Pidamos bolsas de tela de arpillera, algodón o de papel.

¿Hasta dónde llegará?

¿Terminará pronto el problema de la contaminación? Afortunadamente, como adventistas creemos que sí. Sin embargo, mientras cumplimos la comisión de ser mayordomos de la tierra y vivimos en ella hasta que Cristo vuelva, se siguen produciendo miles de toneladas de plástico y cada año aparecen más de cien millones de kilogramos de nurdles. ¡Es demasiado para un producto no biodegradable! ¿Es así como cumplimos nuestra función como mayordomos de la tierra? ¿Es así como cuidamos la creación de Dios?

El plástico es solo uno de los innumerables productos de deshechos que produce nuestro mundo consumista. Con el avance de la industrialización en todo el mundo, la cantidad de desperdicios crece a ritmo acelerado. Pensemos por ejemplo en los incontables deshechos de nuestras “obsoletas” computadoras. El dióxido de carbono está calentando el planeta y afeando la atmósfera. Aún se siguen produciendo deshechos radiactivos que podrían durar miles de años.

¿No es tiempo de pensar seriamente en la contaminación de la Tierra y la parte que nos toca? No hay duda que, como custodios del planeta, necesitamos aprender a consumir 
menos, conservar más y cuidar mejor de la obra creadora 
de Dios.

En Apocalipsis 11:18, la Biblia dice que Jesús vendrá a destruir a los que destruyen la tierra. Cuando era niño, la Tierra me parecía tan vasta e inmensa que me resultaba incomprensible pensar que una raza tan insignificante como la nuestra pudiera destruirla. Hoy día, ante la población cada vez más numerosa y la proliferación industrial, la destrucción de la Tierra parece demasiado posible, e incluso probable. Se sabe que está envejeciendo como una prenda de vestir, y nosotros somos los responsables.

A medida que el planeta queda “cubierto” por una 
envoltura de plástico, toda la vida se ve afectada y se 
deteriora. Dios tiene que estar horrorizado al ver que por nuestra culpa, el mundo se parece cada día más a un 
inmenso basural.

Podría ser fácil decir: “Bueno, algún día Jesús va a 
arreglar todas las cosas”. Pero yo no quiero estar entre los que destruyen la Tierra de tal forma. Después de todo, 
amamos tanto a Dios que también anhelamos honrar la obra de sus manos.


Fuente: AdventistWorld.com
Autor: Allan R. Handysides (M.B., Ch.B., FRCPC, FRCSC, FACOG) es director del 
Departamento de Ministerios de Salud de la Asociación General.

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jueves, 7 de mayo de 2009

Cambio climático: El Príncipe Carlos dice que quedan 99 meses para salvar el mundo

El Príncipe Carlos de Inglaterra advirtió hoy en una intervención en la Cámara de los Diputados italiana, en Roma, de que quedan 99 meses de lucha contra el cambio climático antes de “alcanzar el punto de no retorno”.

Carlos, de visita en Roma junto a su mujer, Camilla, duquesa de Cornualles, instó a rechazar “el modelo convencional” y a crear un nuevo sistema de valores para “resolver el problema del cambio climático”.

El príncipe manifestó que antes de que finalice el año “la familia de las naciones del mundo” tendrá que acordar un modo para detener, o más bien para invertir la tendencia, del crecimiento de las emisiones de CO2″.

“A la subida del nivel del mar y al degrado de las aguas dulces se sumarán los efectos de fenómenos climáticos extremos que comportarán daños al territorio y tendrán impacto negativo sobre los cultivos”, advirtió el príncipe de Gales durante su intervención, que duró más de 30 minutos.

Por todo ello el príncipe Carlos insistió en la necesidad de un “acuerdo sobre el cambio climático, que sea verdaderamente global y que se base en la confianza“.

“Habrán decisiones difíciles de tomar, especialmente para las industrias que tienen un alto consumo energético, pero si queremos dejar a nuestros hijos un mundo habitable, tenemos que actuar de inmediato”, concluyó.

Por otro lado, Carlos de Inglaterra comentó que le había sorprendido “favorablemente” la oferta recibida por parte del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, de afrontar durante las reuniones del G8 el tema de la deforestación.

Carlos de Inglaterra también se refirió durante su intervención a las víctimas del terremoto que el pasado 6 de abril devastó la región de Los Abruzos, en el centro de Italia, y aseguró que están presentes en sus “pensamientos y en sus rezos”.

El presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, obsequió al príncipe Carlos con un mapa de Gales del siglo XVIII, mientras el heredero al trono británico le regaló un abrecartas de plata.

Carlos también visitó las ruinas del Foro Romano, junto al director de la Academia Británica de Roma, Andrew Wallace Hadrill, donde mostró especial curiosidad por la Casa de Augusto, que abrió al público el año pasado después de 30 años de trabajos de restauración.

Hoy, Carlos de Inglaterra y su esposa Camilla también fueron recibidos por el papa Benedicto XVI en el Vaticano, donde conversaron sobre la defensa del medio ambiente y la importancia del diálogo intercultural e interreligioso para la promoción de la paz y la justicia en el mundo, informó la Santa Sede.

El Pontífice, el príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles hablaron a solas durante quince minutos en la biblioteca privada del Papa y, tras la audiencia, el heredero de la Corona británica y su esposa se reunieron durante media hora con el cardenal secretario de Estado vaticano, Tarcisio Bertone, y el “ministro de Exteriores” vaticano, arzobispo Dominique Mamberti.

Mañana (abril 28 de 2009) concluye la estancia de Carlos de Inglaterra y la Duquesa de Cornualles en Roma, con una encuentro del Príncipe de Gales y la patronal italiana Confindustria sobre el papel de las empresas en la lucha contra el cambio climático.

Después ambos partirán a Venecia, donde el príncipe participará en un seminario sobre construcción y asistirán a una representación en el Teatro La Fenice, de la ciudad de los canales.

Fuente: Noticias24.com

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